El Rincón de Joseca

Otro mundo es posible

Archive for the ‘Migración’ Category

Criminalizando al inmigrante

Posted by Joseca en 09/02/2010

Un día más. Un día más en el que la xenofobia, o más bien la aporofobia, secuestra titulares y adopta la forma de norma o proyecto de tal.

Si hace unas semanas el primer ministro italiano identificaba inmigración y criminalidad, ayer el gobierno francés presentaba su peregrino plan para impulsar la identidad francesa, retomando entre otras la idea del contrato social que habrían de firmar los migrantes. Finalmente, esta tarde la Cadena SER ha difundido la circular 1/2010 de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras mediante la que, según reconoce el propio Sindicato Unificado de Policía, “se retrocede en materia de respeto a los derechos civiles de los ciudadanos al periodo constituyente”, tratando “a los inmigrantes como delincuentes”. La aprobación de la Directiva de la Vergüenza de la Unión Europea, la tipificación como delito de la inmigración irregular en suelo italiano o la recién aprobada Ley de Extranjería en España son sólo otras muestras de un fenómeno creciente en Europa (el de la criminalización del inmigrante), que obedece a una estrategia lúcidamente calculada: la identificación de un chivo expiatorio -el migrante pobre- en el que poder focalizar la frustración de un pueblo acosado por el desempleo.

Frente a esta realidad, los responsables de la crisis económica no han asumido responsabilidad alguna, sin que se haya adoptado medida alguna sobre ellos ni sobre el sistema económico y social que soportan. Antes al contrario, se incide constantemente en destacar la trascendencia de “ordenar” la inmigración, como si de la regulación restrictiva de este fenómeno dependiese la superación del actual marco económico. Se destaca más lo que nos diferencia que lo que nos une, más los teóricos problemas que plantean que los beneficios que supone su presencia entre nosotros. Nadie recuerda ahora que esos mismos inmigrantes que ahora parecen  sobrar, han constituido una mano de obra barata para empresarios codiciosos. Nadie reconoce su aportación económica a los sistemas públicos de Seguridad Social. Nadie, en fin, ha tenido la decencia de agradecerles el cuidado de nuestros ancianos o la limpieza de nuestras casas. Ahora parece que sobran.

Muchos llegaron al denominado primer mundo con el frío y la humedad quebrándoles el  cuerpo y la desesperanza gobernando su corazón, huyendo de la miseria y el hambre, soñando con un futuro ahogado en sus países como consecuencia de unas reglas de comercio internacional absolutamente criminales y de la existencia de unas dictaduras apoyadas y financiadas por las élites gobernantes de Occidente.

Hace un par de años alguien me remitió un correo que exponía parte de las atrocidades que hemos cometido con esos que ahora sólo piden una ínfima parte de todo lo que tendríamos que devolverles, en concreto con los africanos. Desde entonces, no deja de sorprenderme la tenacidad en evitar la llegada de los inmigrantes a nuestros países cuando no son sino el resultado de nuestras correrías coloniales durante varios siglos. ¿Por qué no somos capaces de darnos cuenta que después de tanto tiempo imponiéndoles nuestra cultura y religión, asesinando su presente y explotando sus recursos naturales es normal y natural que acudan a nosotros para recibir tan sólo unas migajas de los que les hemos hurtado? ¿De veras esperamos que permanezcan impasibles mientras en nuestras sociedades vivimos en la opulencia? ¿En serio creemos que quienes les robamos, explotamos y asesinamos durante centenares de años podemos darles lecciones sobre ética y derechos humanos?

Señores dirigentes: ¿Quieren hablar de respeto, de derechos humanos, de tolerancia, de integración? ¿Recuerdan las masacres inglesas en Kenia o los despojos en Rhodesia? ¿Es necesario repasar los libros de historia para que rememoren el latrocinio francés en Dakar o en Costa de Marfil? ¿Y las dictaduras militares de Latinoamérica promovidas por los EE.UU.? ¿O quizás ha de volverse la mirada sobre los campos de concentración alemanes en Namibia? ¿No deberíamos dar explicaciones sobre el apoyo y tolerancia al régimen fanático de Arabia Saudí o sobre los 600.000 muertos en la guerra de ocupación irakí? ¿Es que hemos olvidado las atrocidades belgas en el Congo, las excavaciones portugueses en Angola en busca de oro o las cacerías de esclavos en Mozambique? ¿O quizás ya no importan las miles de vidas palestinas que se llevó por delante Israel con nuestra complicidad? ¿Y los miles de muertos para extraer los diamantes de Sierra Leona?

¿Quieren más ejemplos de la incongruencia y la hipocresía que rezuman este tipo de planteamientos? Léanse las recientes declaraciones de Kevin Rudd, primer ministro de Australia, en la que defiende que “son los inmigrantes, no los australianos, los que deben adaptarse. O lo toman o lo dejan. Estoy harto de que esta nación tenga que preocuparse si estamos ofendiendo a otras culturas o a otros individuos”, proclamando que “éste es nuestro país, nuestra patria y éstas son nuestras costumbres y estilo de vida y permitiremos que disfruten de los nuestro pero cuando dejen de quejarse, de lloriquear y de protestar contra nuestra Bandera, Nuestra lengua, nuestro compromiso nacionalista, Nuestras Creencias Cristianas o Nuestro modo de Vida, le animamos a que aproveche otra de nuestras grandes libertades Australianas, el Derecho a Irse”. ¿Es que ha olvidado el primer ministro que los primeros que no han respetado su historia han sido los propios gobiernos australianos, experimentando y eliminando hasta casi su totalidad a la población indígena que aún habita el continente? Curioso que esos que machacaron a la población indígena hasta casi hacerla desaparecer se conviertan ahora en adalides de la defensa de sus tradiciones. Kevin Rudd debería repasar un poco la historia de su país antes de asumir posicionamientos como ese. ¿Aprendieron sus ascendientes el idioma de aquellos indígenas cuando en nombre del Reino Unido decidieron que ese era un buen lugar para quedarse? ¿Se preguntaron si su Dios ofendía al de aquellas gentes que llevaban miles de años viviendo allí?

Basta ya de leyes indignas, de declaraciones que sólo promueven el odio y la incomprensión, basta de redadas, basta ya de centros de retención, basta de expulsiones… Es necesario un replanteamiento de las políticas económicas y de las relaciones internacionales que permita a esos millones de personas desarrollar una vida mínimamente digna en sus países de origen. Eso y una petición sincera de perdón. Mientras tanto no tenemos derecho alguno a echarles nada en cara.

Claro que parece más fácil repeler los cientos de barcazas de desesperados que llegan a nuestras glamorosas playas… y es que cuando de la supervivencia se trata, siempre es más probable la del que la tiene garantizada que el que lucha a diario por ella. Cuestión de sentido común: optemos por la locura.

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Un mar de desesperanza

Posted by Joseca en 21/08/2009

No voy a ser políticamente correcto. No suelo serlo, pero quizás las reflexiones que a continuación expongo hieran la sensibilidad de algunos. Por desgracia, serán precisamente los que más deberían darse por aludidos a los que menos daño hagan estas líneas.

Esta mañana he leído con estupor una noticia (gracias José Luis) que ha tenido la aparentemente contradictoria virtud de helarme el corazón e incendiar mis entrañas: 75 emigrantes han muerto de hambre y sed al intentar arribar a la isla italiana de Lampedusa.

Ese Mar de la Desesperanza que denominamos Mediterráneo ha vuelto a ser la indigna tumba de decenas de seres humanos cuyo único delito -pese a lo que diga la vergonzante legislación italiana- fue querer conocer que se siente al comer tres veces al día.

Hay quienes, al tener conocimiento del luctuoso acontecimiento, se llevarán las manos a la cabeza y luego continuarán con sus quehaceres. Otros leerán la simple nota de Agencia (esto no merece editoriales) con la misma intensidad de quien hace un pasatiempo o procede a abrir la sección de Deportes. En todo caso, la mayoría se encogerá de hombros y asumirá el suceso como un inevitable accidente, como una suerte de fenómeno natural ante el que sólo cabe pasar página.

Que nadie espere que su responsabilidad se diluya en condolencias vacuas, fugaces llantos y reflexiones más o menos efímeras. Lo que estos días ha tenido lugar en el Mediterráneo no es un incidente más o menos eventual. Es un episodio que forma parte de una muerte constante y programada desde hace lustros, un auténtico asesinato del que todos somos cómplices: yo el primero, usted que me lee, el que no lo hace, el que obvia esta realidad macabra, el que se limita a sollozar, el ejecutivo, el funcionario, la ama de casa, el joven mileurista… todos lo que hacemos descansar nuestro débito moral en teóricas representatividades democráticas o en inanes superestructuras estatales deberíamos considerarnos agentes activos y partícipes directos en la consecución de esta ignominia.

¡Basta ya de mirar de soslayo, basta ya de acomodaticios silencios, basta ya de simuladas impotencias! Los hemos matado nosotros convirtiendo en intrascendente lo que es una auténtica vergüenza. ¡Basta ya de asumir con resignación realidades que debieran ser auténticas pesadillas!

Una vez escuché a alguien que lo que alteraba a los europeos no era tanto la muerte de millones de africanos sino que lo hicieran enfrente de su casa. A veces siento que ni siquiera molesta esto último.

Hoy he mirado dentro de mi y me he dado vergüenza. Yo he matado a esas 75 personas. Y conmigo, usted también lo ha hecho.

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¿Culpables de qué?

Posted by Joseca en 17/06/2009

Uno de los efectos más perversos de la crisis económica en el mundo occidental es el auge del racismo y la xenofobia: episodios como los ocurridos el martes en Belfast o los tristemente recurrentes en Italia son fiel reflejo de una realidad que a todos debiera preocupar.

La indefensión en la que se encuentran la mayor parte de los inmigrantes en Europa, especialmente los llamados irregulares, así como determinadas colectividades nativas, permite que las élites políticas focalicen en ellos las demandas de una población ansiosa por buscar culpables. Evidentemente, cuanto mayor es la desesperanza, cuanto más grave en el deterioro en la calidad de vida, más necesidad psicológica hay de hallar explicaciones: precisamente por ello es en las clases medias y bajas de la sociedad donde más comprensión suele ofrecerse ante sucesos como los citados en el primer párrafo. Por desgracia, ésta es una constante en la historia como lo demuestra la génesis y el desarrollo de los movimientos nazis y fascistas.

La miserable actitud de los medios de comunicación, que lejos de censurar con la debida contundencia reducen la trascendencia de actitudes como las de la Ministra de Turismo del Gobierno de Berlusconi, coadyuva de forma definitiva en la creación de este ambiente.

Es necesario en consecuencia hacer la necesaria pedagogía para que no se olviden principios clásicos como los de la solidaridad internacional y para que no se obvien valores básicos como la justicia. Si no enfrentamos con valentía los peligrosos discursos que se vienen haciendo -recuerdo ahora las declaraciones de los líderes de la derecha española en las pasadas elecciones generales- es muy posible que de las afirmaciones falaces y de los sucesos aislados pasemos, como está sucediendo ya en algún país europeo, a la implementación constante y coordinada de medidas que nos retrotraerían a épocas que desgraciadamente no están tan lejanas.

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Criminalizando la solidaridad

Posted by Joseca en 12/03/2009

Se autodefinen como socialistas. Bastaría con que tuvieran un mínimo de sensibilidad humana.

El Consejo de Ministros del Gobierno de España acaba de aprobar el anteproyecto de reforma de la Ley de Extranjería, que tipifica como infracción grave “promover la permanencia irregular en España de un extranjero, entendiendo que se promueve la permanencia irregular “cuando el extranjero dependa económicamente del infractor y se prolongue la estancia autorizada más allá del período legalmente previsto” [art. 53 c)].

Esta previsión normativa posibilitaría multar a quienes cobijen a inmigrantes indocumentados, abocando a éstos últimos a la exclusión social. En la actualidad son numerosas las organizaciones que les prestan asistencia de una forma totalmente altruista. De aprobarse la norma por el Parlamento, se estarían violentando dos principios básicos que incluso están juridificados en varias normas: la solidaridad y la fraternidad.

El sufrimiento del inmigrante sin papeles

Ante esta situación se ha constituido una Plataforma denominada “Salvemos la hospitalidad” de la que participan -entre otros- religiosos, artistas, médicos, abogados y profesores de universidad. La Plataforma ha redactado un Manifiesto mediante el que pide que se incorpore al artículo 53 c) del anteproyecto de modificación de la Ley de Extranjería la necesidad de “ánimo de lucro” en el infractor para que pueda ser sancionable. Quizás se quede algo corto el Manifiesto, por cuanto lo que ha de censurarse de la Ley es mucho, pero lo cierto es que este precepto abre un camino peligroso.

En el Manifiesto, que podéis leer aquí, se denuncia que “el objetivo de la norma es intimidar a los ciudadanos españoles o extranjeros con papeles para que nieguen toda forma de apoyo a la persona en situación irregular y ésta se quede sin ningún tipo de ayuda, es decir, en la calle, sin comida, ni vestido, ni dinero, para que mediante la presión de esta situación de precariedad absoluta, vuelva a su país“.

Nuestra indiferencia nos hace cómplices

Yo ya me he adherido al manifiesto. Si queréis hacedlo vosotros, enviad firmas o correos electrónicos con vuestros nombre y apellidos, DNI/NIE, profesión y colectivo o asociación de la que procedéis en su caso, a una de estas dos direcciones:

Julián C. Ríos Martín

jrios@der.upcomillas.es

Universidad Comillas

C/Alberto Aguilera nº 23.

Madrid 28015


Manuel Gallego Díaz

mgallego@der.upcomillas.es

Universidad Comillas

C/ Alberto Aguilera, 23

Madrid 28015

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