El Rincón de Joseca

Otro mundo es posible

Archive for the ‘Memoria histórica’ Category

Haciendo honor a Berlanga

Posted by Joseca en 16/11/2010

Cinco minutos apotéosicos que demuestran que la España que reflejó el maestro Berlanga aún existe.

Programa:”Julia en la onda” de Onda Cero. Los contertulios discutían sobre lo que “queda de la España de Berlanga”.

Llamada de una oyente. Por lo que se ve, aún queda mucho. El final, apoteósico, la mujer se va calentando y termina hablando de Paracuellos del Jarama, de la droga y la prostitución.

Video hecho por el Rincón de Joseca

Y para acompañar este documento inigualable, otros dos que aunque les separan unos años les une el mismo resentimiento e intolerancia:

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La ley del embudo centrista

Posted by Joseca en 26/04/2010

Pues sí. Parece ser que soy un antidemócrata, un radical. De esos que coaccionan instituciones, de los que presionan a los poderes del Estado. Debo ser de los que participan del aquelarre guerracivilista, de los que antaño ladraban el rencor por las esquinas y alzaban pancartas contra una guerra que por lo que se ve era tan justa como las meninges del penúltimo presidente de EE.UU.

A uno le gustaría ser una “persona normal“, de esos moderados que brazo en alto se limitan a expresar una corriente de pensamiento. Pero es que cuando pendulo hacia el “centro” y me tropiezo con la mirada distraída de aquel hombre que un día me habló de no sé que niña, me entran unas ganas terribles de volver por donde venía. Y de volver corriendo, por cierto.

He de reconocer que debe ser algo visceral porque en el fondo, a mi como a muchos, nos han educado para apreciar a una derecha que lo mismo se descojona del cambio climático porque así lo dice no sé que primo que valora las propiedades del vino entre kilómetro y kilómetro. Pero es que no me siento cómodo entre ellos, que le voy a hacer. No, no crean que es como a quien se le cuela una china en el zapato. Yo más bien lo asemejaría a una primera depilación: puedes pasar cerca de la clínica e incluso tener la tentación de preguntarles por las técnicas utilizadas, pero al primer tirón te preguntas que coño haces tú ahí.

El sábado pasado, cuando paseaba por la españolísima Gran Vía el día que más tricolores ondeaban en Madrid desde 1932, me dió por pensar que muchos conocidos míos desearían que ese día me comportase como mandan los cánones, los eclesiásticos y los que aspiran a serlo. Pero pronto comprendí que eso no iba a ser posible: ni me había manifestado contra la despenalización del aborto, ni había puesto en solfa la sentencia del 11-M, ni había denunciado los devaneos adolescentes del de las cejas con ETA, ni me había importunado que dos señores o dos señoras les diera por ponerse un anillo en el dedo. Si al menos hubiera sido uno de los “cuatro millones” que firmó en contra del Estatut o hubiera acompañado a aquellos señores de negro tan simpáticos en defensa de la familia, otro gallo -patrio- cantaría. O, fijense, incluso me hubiera bastado con repartir algunos folletos curiosotes por Badalona o hacer alguna gracieta en forma de peineta. Lo cierto es que nada de eso hice y, lejos de dar curso a mi libertad de expresión -porque aquello era esto, decían entonces-, ahora me encuentro con faldas y a lo loco y por lo que se ve presionando como nunca se ha hecho en este país al poder judicial.

¡Qué país más curioso éste en el que un partido político puede acusar a la Fiscalía de parcialidad, a la Polícia de fabricar pruebas, a los jueces de prevaricar, al Gobierno de espiar a la oposición y hasta a su Presidente de ser aliado natural de ETA y un ciudadano no puede manifestarse contra la impunidad de los crímenes de una dictadura y por la exhumación de los más de 100.000 seres humanos que aún duermen en nuestras cunetas!

Sí, definitivamente soy un radical de los de la peor especie. Un rojo. Y posiblemente masón. Pero es que, entre usted -querido lector- y yo, siempre me he sentido mejor acompañado por uno de esos “carcamales resentidos” -que diría la condesa de Murillo- que por los que al grito del “España se rompe”, “defendamos la familia” o “la democracia está en peligro” rumian y vomitan una España en blanco y negro que añora a las chicas de la Cruz Roja tanto como Arias Cañete a los camareros de antes.

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Silencio

Posted by Joseca en 21/04/2010

Allen: “¿Durante cuánto tiempo se prolongará la situación ahora que el golpe ha fracasado?

Franco: “No puede haber ningún acuerdo, ninguna tregua. Salvaré a España del marxismo a cualquier precio

Allen: “¿Significa eso que tendrá que fusilar a media España?

Franco: “He dicho a cualquier precio

Entrevista concedida por Franco el 27 de julio de 1936 a un periodista estadounidense.

Silencio. Más silencio. Nada más que silencio… siempre silencio.

La gran victoria de los alzados en armas contra la II República española fue el silencio. Fueron cuarenta años en los que sólo se exhumaron los cuerpos “dormidos” de media España y en los que únicamente se honró a los fallecidos del bando vencedor. Frente a esta realidad, subyacía otra que tenía como protagonistas a quienes ni siquiera se les concedía un certificado de defunción de sus familiares desaparecidos, a quienes observaban impotentes como se difuminaba la vida de otros entre barrotes, a quienes desesperados intuían el robo cierto de sus hijos recién nacidos.

Hay que sembrar el terror… hay que dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”.

Gral. Emilio Mola, 19 de julio de 1936.

El terror programado durante la guerra civil tuvo una continuación tan lógica como trágica durante la dictadura de Francisco Franco. Ese miedo tuvo como principal y natural aliado el silencio, que a modo de siniestro disfraz ocultaba la ansiedad que provocaba la reacción política y social ante la mera sospecha de ser identificado como contrario al nuevo régimen.

Por desgracia, los que desde posiciones demócratas pactaron la transición asumieron ese silencio como presupuesto para una salida pactada. Desde entonces hasta hace muy pocos años, la sociedad española se ha mostrado incapaz de conceder a quienes sobrellevaron aquellas pérdidas y quebrantos una reparación digna a su sufrimiento. Ahora que los testimonios directos de nuestros mayores están próximos a perderse, la tenue luz de la memoria, la verdad y la justicia parece querer alumbrar la oscuridad en la que la se había alojado vergonzantemente un dúo de conceptos cuya materialización no puede defenderse sin la concurrencia de aquéllas: el perdón y la reconciliación.

Hay que borrar del diccionario las palabras perdón y amnistía”.

Gral. Gonzalo Queipo de Llano, agosto de 1936.

España no puede permitirse retroceder y desandar los tímidos pasos que se han dado. Es menester seguir preguntando a nuestros ancianos por sus recuerdos y comenzar a escuchar las voces que aún permanecen ahogadas en las fosas del silencio. Porque lo que juzgará si los españoles del siglo XXI fueron capaces de asumir con dignidad su más reciente pasado o prefirieron convertirse en cómplices de una dictadura militar que, porque era consustancial a sus fines y naturaleza, fue responsable de innumerables crímenes de guerra y contra la humanidad, es sencillamente una disyuntiva: seguir mudos o recuperar el habla. De nosotros depende. A ellos se lo debemos.

No al silencio. No más silencio. Nunca más silencio…

P.S.: con este pequeño texto concluyo una terna de reflexiones (“La memoria histórica, más de 30 años en la encrucijada“, “Lo que el proceso esconde” y el presente “Silencio“) mediante los que he pretendido aportar un granito de arena al debate que viene planteándose en las últimas semanas sobre la Memoria Histórica y el procesamiento al Juez Garzón. A través de ellas he tratado de exponer las dificultades objetivas que plantea la Memoria Histórica para la propia pervivencia del Estado tal y como fue concebido en los años 70, las claves que a mi juicio marcan la imputación del delito de  prevaricación al Magistrado de la Audiencia Nacional por investigar los crímenes del franquismo y, finalmente, la necesidad de salir de ese círculo vicioso que es el silencio y que ha marcado la vida política y social española desde hace más de 70 años. Espero que os haya gustado y vaya desde aquí mi agradecimiento sincero -él lo sabe- a un amigo que siento como un hermano y que me ha ofrecido sobre el particular reflexiones de sumo valor humano. Gracias Manu.

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Lo que el proceso esconde

Posted by Joseca en 13/04/2010

Es incómodo. Y lo sabe. Demasiados callos pisados y muchas heridas abiertas. Baltasar Garzón es un juez al que acusan de cierto exhibicionismo, pero si alguna característica jalona su trayectoria es la valentía a la hora de afrontar los casos que ha instruido. Narcotráfico, terrorismo, fondos reservados, justicia universal, corrupción política… el magistrado ha navegado por aguas procelosas y hasta ahora habían resultado infructuosas las tentativas por apartarle de la carrera judicial. Sin embargo, su deambular jurídico por “el jardín secreto del franquismo” ha logrado engrasar una maquinaria que desde hace tiempo viene amenazando con llegar a la última estación.

El procesamiento a Garzón ha generado un debate en el que se dan cita sensibilidades de todo orden y que tiene como cardinal consecuencia el encuentro de la sociedad española con su pasado más reciente, un pasado que hasta el momento constituía el gran tabú de nuestra joven democracia. Ese es el primer y más importante éxito de la instrucción de Garzón y así se reconocerá, tarde o temprano, por los analistas que en un futuro estudien lo que está aconteciendo estos días.

No obstante, precisamente porque en él concurren, funden y confunden las dimensiones jurídica, política y social, es menester distinguir estos ámbitos a fin de poder trasladar conceptos claros a la ciudadanía.

Desde el punto de vista estrictamente jurídico, no puede reputarse más que de endeble la postura que defiende que el juez ha cometido un delito de prevaricación. La posición de la Fiscalía, de algunos magistrados, de juristas internacionales de reconocido prestigio y de catedráticos en Derecho Penal sobre la ausencia de validez jurídica de la denominada Ley de Amnistía es un dato que revela que el criterio de Garzón -se comparta o no- es defendible en Derecho, requisito éste que impide considerar, según la doctrina del propio Tribunal Supremo, la comisión del delito de prevaricación. Ello sin perjuicio de la valoración que cabe realizar sobre los autos del Juez Varela -tan extensos en la apreciación de la intencionalidad de su compañero como huérfanos de fundamento legal- o sobre la discutible competencia de Baltazar Garzón para centralizar la búsqueda de los desaparecidos.

Políticamente, el magistrado de la Audiencia Nacional ha logrado poner en evidencia la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, una Ley que fue aprobada con los votos de las componendas y sin financiación, tal y como vienen denunciando desde hace tiempo las Asociaciones para la recuperación de la Memoria Histórica. Por otra parte, la más que probable admisión en Argentina de una querella basada en el principio de justicia universal patentiza la fragilidad de un sistema político, el nuestro, que desde hace más de treinta años se muestra incapaz de juzgar los crímenes cometidos por el Estado durante el anterior régimen. El caso abierto por Garzón es una bofetada por tanto no sólo a los sectores más conservadores sino también y sobretodo a un Gobierno que por hacerse permeable a determinadas presiones a la hora de aprobar la Ley de Memoria Histórica ha visto como ésta se le vuelve en contra.

Finalmente, la actuación jurisdiccional de Baltasar Garzón y su posterior encausamiento ha puesto de manifiesto la ausencia de reconocimiento jurídico y de justicia social para con las innumerables víctimas de la dictadura franquista. En nuestro país aún yacen bajo las cunetas más de ciento treinta mil desaparecidos. Otros tantos fueron condenados a cárcel después de padecer un juicio sin las más mínimas garantías procesales. Muchos fueron arrancados de sus padres sin ningún tipo de humanidad. Todos ellos merecen una reparación que les ha sido negada sistemáticamente y que la actividad de Garzón parecía querer otorgar. De ahí que el juicio al magistrado no sea un proceso penal más: es y será la clave histórica que permitirá concluir si España fue capaz de enfrentarse con su pasado y dignificar tanto sufrimiento silente o si volvió a apostar, esta vez parece que de forma definitiva, por un olvido cómplice que a modo de cruel cerrojo impide abrir la puerta de su particular Sala de los Horrores.

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La memoria histórica, más de 30 años en la encrucijada

Posted by Joseca en 23/03/2010

Posiblemente una de las causas por las que la recuperación de la Memoria Histórica es percibida con tanto recelo en España no sólo por las derechas sino también por gran parte del centro izquierda es que suscita reflexiones incómodas sobre los cimientos que sostienen el edificio constitucional.

En efecto, el análisis de las causas que originaron la sublevación, el estudio de la represión que tuvo lugar durante la contienda y el posterior régimen militar y el examen de la propia defunción de éste a través de una Transición tan eficaz para el fin pretendido como injusta en su articulación, permiten elaborar una tesis ya de por sí bastante consensuada: el actual Estado español es fruto de un pacto no escrito mediante el cual los que cedían formalmente el poder acusaban recibo de determinadas libertades y derechos fundamentales y los que celebraban la restauración de la democracia asumían la legitimidad de determinados símbolos e instituciones como la bandera, la monarquía o el mantenimiento del status quo de la Iglesia Católica.

Este compromiso sólo podía tener lugar sobre la base del olvido de las atrocidades cometidas y la no persecución de sus culpables. Si la Historia hubiera mostrado sus páginas sin censura no hubiera sido posible aceptar un régimen constitucional que, lejos de suponer la restauración de la legalidad republicana violentada cuarenta años antes, obviaba sus elementos básicos.

No pretendo realizar en estas escasas líneas un juicio sobre los aciertos y errores de la II República ni sobre los hechos que motivaron el golpe de Estado (las reformas agraria, educativa, religiosa y militar conllevaban la modificación de unas estructuras que permanecían inalterables desde tiempos inmemorables). Tampoco es el objetivo de esta entrada rememorar tragedias como la de la columna de los 8.000 o la desbandá o poner de manifiesto el terror planificado que subyacía en innumerables acciones armadas de los golpistas. Ni siquiera es éste un alegato contra la Ley de Amnistía, ancla abyecta con la que se atenazó la incipiente democracia española y que sigue vigente pese a los requerimientos de la ONU y al ejemplo dado por la inmensa mayoría de los países que sufrieron en el S. XX la lacra de las dictaduras militares.

Y es que en el fondo, sin perjuicio de todos los estudios y reflexiones que cabe efectuar sobre la materia, ha de partirse necesariamente de un hecho cierto: el ideal de Justicia en este país topa, por lo que a nuestro pasado más reciente se refiere, con la misma pervivencia de la estructura política del Estado tal y como fue concebida en los años 70. Y mientras esto no se tenga en cuenta, todos los intentos por recuperar ese periodo de nuestro pasado arrancado con las tenazas del fascismo serán infructuosos.

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Miguel Hernández, el poeta del pueblo

Posted by Joseca en 26/10/2009

Donó al pueblo su mejor arma, la palabra. Al igual que la inmensa mayoría de los poetas de aquella época, adoptó una actitud militante durante la guerra civil española, poniendo su pluma al servicio de sus ideales republicanos. Su poesía consiguió fusionar como pocas veces se ha logrado ética y estética, reflejando una lírica donde el amor, la vida, la muerte y la denuncia de la opresión se daban cita sin descanso.

Miguel Hernández murió en 1942 en una cárcel alicantina llamada eufemísticamente Reformatorio de Adultos de Alicante, tras no poder superar un cuadro de bronquitis, tifus y tuberculosis. Tenía 31 años.

El próximo 30 de octubre se conmemora el centenario de su nacimiento. He pensado mucho sobre cómo adherirme a esta efeméride: es evidente que debía hacerlo a través de sus versos, pero dudaba cual escoger. Mi primera idea fue reproducir algunos de sus poemas más comprometidos como El hombre acecha o Viento del Pueblo o incluso alguno en el que materializó la desesperanza por la ausencia de su esposa y su hijo mientras le huía la vida en la cárcel. Pero he decidido hacerlo con una obra que a mí particularmente me hace temblar cada vez que la leo: Elegía a Ramón Sijé, compuesta a la muerte de su gran amigo. Espero que a través de ella podáis apreciar la calidad humana y la sensibilidad de Miguel Hernández. Os dejo con dicho poema, en esta ocasión cantado por el gran J. M. Serrat.

P.S.: gracias Manuel por redescubrirme a Miguel Hernández. Es de esos regalos eternos y silenciosos que uno se lleva para siempre.

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