El Rincón de Joseca

Otro mundo es posible

Archive for the ‘Consumismo’ Category

3 gráficos para despertar y no creerte este teatro

Posted by Joseca en 13/09/2012

MORFEO

Te explicaré por qué estás aquí Estás porque sabes algo. Aunque lo que sabes no lo puedes explicar.Pero lo percibes. Ha sido así durante toda tu vida. Algo no funciona en el mundo. No sabes lo que es, pero ahí está como una astilla clavada en tu mente y te está enloqueciendo. Esa sensación te ha traído hasta mí ¿Sabes de lo que estoy hablando?

NEO
¿De Matrix?

MORFEO
¿Te gustaría saber lo que es? Matrix nos rodea. Está por todas partes incluso ahora, en esta misma habitación. Puedes verla si miras por la ventana o al encender la televisión Puedes sentirla, cuando vas a trabajar cuando vas a la iglesia cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad.

NEO
¿Qué verdad?

MORFEO
Que eres un esclavo, Neo, Igual que los demás, naciste en cautiverio naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. Esta es tu última oportunidad. Después, ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul fin de la historia (La historia acabará). Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad, Nada más. Si eliges la azul viviras en la ignorancia. En cambio, si eliges la pastilla roja veras la realidad osea, esto.

¿Quienes están detrás de la bolsa española y por tanto obtienen la mayor parte de los sustanciosos beneficios derivados de la especulación?

¿Quienes controlan la producción de alimentos y por tanto deciden sobre el alza de sus precios?

¿Quienes mandan en los medios de comunicación españoles y por tanto deciden sobre su política informativa?

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Esto sólo lo arreglamos sin ellos

Posted by Joseca en 03/03/2010

“Somos gente como tú, y pensamos lo mismo que tú piensas. Y lo que hacemos es lo que tú hubieras hecho en nuestro lugar”.

Así se definen los promotores de la popular campaña “esto sólo lo arreglamos entre todos”. Hipócritas. La campaña, apoyada por las Cámaras de Comercio, está creada y promovida por Telefónica, Iberia, El Corte Inglés, BBVA, Banco Santander, La Caixa, Caja Madrid, Repsol, Cepsa, Endesa, Iberdrola, Red Eléctrica, Mapfre, Renfe, Abertis, Mercadona, Indra y Seopan. 50.000 millones de beneficios en el año 2009 les contemplan. Sí, definitivamente son gente como nosotros.

El lema de la campaña es de por si ya indicador de lo que se pretende: un “esto” que cosifica el problema y le priva de contenido ideológico, un “sólo lo arreglamos” que parece indicar que no existen más alternativas que el actual modelo y un “entre todos” que presupone la asunción del principio de la socialización de las pérdidas y de los esfuerzos que han de acometerse para lograr la recuperación económica.

Tanto la naturaleza de los promotores como el lema son datos suficientemente claros de las intenciones de la campaña: generar la sensación de que el actual marco económico sólo es posible superarlo con la revitalización del consumo y la merma de derechos, aceptando el actual modelo como el único factible.

Tampoco dejan lugar a dudas las “reflexiones” que pueden leerse en el “quienes somos” de la Fundación Confianza, constituida por los promotores para gestionar la iniciativa. Según la Fundación,

A veces se nos olvida que la economía, y la propia vida, tienen ciclos. Hay tiempos de bonanza y tiempos de crisis y hay que adaptarse a cada momento, sacando lo mejor de cada uno en cada circunstancia. Las crisis forman parte del desarrollo de las sociedades y de las personas (…).Después de muchos años de bonanza económica y social, en donde probablemente todos (personas, empresas, estados…) hayamos vivido por encima de las nuestras posibilidades, vivimos ahora una de las mayores crisis de nuestra historia reciente. Una crisis coyuntural y, a la vez, estructural, inédita y global. Pero ni es la primera, ni será la última”.

La conclusión parece evidente: la crisis no tiene carácter excepcional (no es sistémica) y es un periodo que ha de asumirse con naturalidad. La genésis de la crisis no está en el afán especulativo de los bancos ni en el comportamiento de las grandes empresas. Tanto los Estados como nosotros somos responsables igualmente de la misma.

Sinceramente, creo que como dicen en la web de la contracampaña estosololoarreglamossinellos.org, “se ríen de nosotros. Dicen que de esta salimos todos juntos, mientras se revuelcan en sus beneficios. El alto empresariado ha iniciado una ridícula campaña como un recurso más con el que seguir jugando con el trabajador de a pie, con el parado, con el estudiante. Con ese que, al contrario que ellos, sí ha sufrido esta crisis”.

Y es que no deja de ser irónico que sean precisamente los máximos responsables de la crisis los que pretendan que asumamos, mediante un cuidado marketing y casi de forma inconsciente, que su superación sólo podrá tener lugar mediante nuestro “esfuerzo”, lo que, traducido al lenguaje que ellos entienden, conllevará medidas ya anunciadas como el abaratamiento del despido, el aumento de la edad de la jubilación, una mayor precariedad laboral, la congelación de salarios, la reducción del gasto social…

Mientras sus beneficios multimillonarios, sus contratos blindados, sus privilegios fiscales, sus planes de pensiones sigan siendo los que son, lo único que deben encontrar en nosotros es la exigencia de reformas estructurales que calmen la sed de justicia social. Y esas reformas han de comenzar combatiendo la base ideológica que los sustenta como paso previo a reformular un ordenamiento jurídico pensado por y para ellos.

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Yo consumo, tú consumes, él consume, nosotros…

Posted by Joseca en 26/01/2010

El otro día leía, no recuerdo donde, que en el denominado Primer Mundo el aire que respiramos está compuesto por oxígeno, nitrógeno y publicidad.

No solemos distinguir entre la satisfacción de las necesidades, ciertamente pocas, y la de los deseos, muchos sin duda. El problema reside en que estos últimos suelen ser concebidos como insuficiencias que es necesario cubrir. Es precisamente el gran circo de la publicidad el que se encarga de transmutarlos en verdaderas exigencias.

« Para ser efectiva, la incitación al consumo y a consumir más debe difundirse en todas direcciones y dirigirse indiscriminadamente a cualquiera que pueda oírla. Pero hay más gente capaz de escuchar que gente capaz de responder a ese mensaje seductor de la manera esperada. Los que no pueden actuar sobre la base de esos deseos inducidos, gozan diariamente del deslumbrante espectáculo que ofrecen quienes sí pueden hacerlo. El despilfarro consumista, se les dice, es el signo del éxito, una autopista que conduce directamente al aplauso público y la fama. También aprenden que poseer y consumir ciertos objetos y vivir de determinada manera son requisitos necesarios para ser felices; y como “ser feliz” se ha transformado en la marca de la decencia humana y el único título merecedor de respeto, tiende a convertirse también en condición necesaria de la dignidad y la autoestima humanas […].”

Zygmunt Bauman, “Vida de Consumo”, Ed. Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2007.

Recordaban en ConsumoHastaMorir que según un informe de la UE consumimos de media un 20% más de lo que esperábamos antes de entrar en los mercados y supermercados. Y que el 70% de las decisiones de compra se toman en el propio establecimiento.

Reconozco mis hábitos consumistas. Los odio. Pero asumo que forman parte de mi ser. Lucho contra ellos, pero frecuentemente hinco la rodilla. Supongo que la mayor parte de nosotros lo hacemos. Posiblemente fuera necesario que en la escuela impartiesen una asignatura sobre consumo responsable. Son demasiados años conviviendo con los amables paneles publicitarios, con las irrechazables rebajas de las rebajas, con los magníficos 2 x 1…

Conozco pocas personas no ya alejados de ese círculo vicioso sino conscientes de él e inmersos en una lucha tan noble como desequilibrada. Por eso reconozco que me lleno de orgullo y satisfacción -que diría el Borbón- cuando paladeo una entrada como ésta: la firma mi hermano en su blog y lo que intuyo entre esas palabras tan brillantemente encadenadas es precisamente la ausencia de grilletes, o al menos el interés y esfuerzo por abrir su cerradura.

Yo de momento no lo he conseguido, por lo que apenas puedo ofrecer algún consejo. Pero ejemplos como el expuesto y algún otro ayudan a seguir intentándolo.

Sí, lo sé, es ésta una entrada escrita en clave intimista. Pero me apetecía reflexionar sobre eso que han llamado la “sociedad de consumo” y he comprobado con desazón que formo parte de ella. Así es que más que una reflexión es una confesión de parte.

Ave María Purísima…

Post scriptum: lectura recomendada: El libro negro de las marcas.

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Colaboración externa: “Incoherencias”

Posted by Joseca en 04/06/2009

A continuación reproduzco una colaboración externa firmada por Juan Caro, Presidente de una sociedad cooperativa llamada Iqbal Masih, una alternativa a la explotación infantil, el desastre ecológico, la discriminación de la mujer y la degradación alimentaria.

Como las anteriormente publicadas, un enlace a la colaboración estará alojada a partir de ahora y de modo permanente en la sección “Tribuna abierta”.

Os dejo con esta lúcida reflexión que tiene como origen una experiencia personal que refleja muy bien la inteligencia y la bondad de un malagueño que a nadie deja indiferente y del que hay mucho que aprender.

Un abrazo muy fuerte Juan y dales un beso a Isabel y los niños. Nos vemos.

INCOHERENCIAS

Que cada cual hable de su vergüenza. Yo hablo de la mía”.

Bertolt Brecht

De entrada, Franco era un asesino. Fusilaba a sus legionarios sin siquiera un amago de juicio. Qué no haría con los rifeños. Esto no aparece en ningún libro de texto. Algunos generales lo sabían, pero no le daban importancia. Matar pobres suele producir cierta emoción, pensarían. En uno de sus primeros discursos después de consumar su golpe de estado decía que sus intenciones eran “acabar con la frivolidad de los últimos siglos y luchar contra el espíritu de la enciclopedia”. En esa frivolidad incluiría a aquel presidente de la I República, que dimitió por no firmar una pena de muerte. En cuanto a lo segundo, si descartamos que su intención era ser precursor de Google, querría decir que pensaba erradicar las bases de cualquier pensamiento libre, es decir, implantar la barbarie (en las dos acepciones del María Moliner, Estado de incultura o atraso de un pueblo y Crueldad, brutalidad). Tuvo la mala suerte de que los mandatarios de Alemania y Rusia de la época tuvieran una base de población mayor, y le dejaran con una modesta medalla de bronce en el ranking de asesino de compatriotas de Europa: tenía dos modelos principales, aunque con importantes variantes: matar rápidamente tipo Lorca, o hacerlo más lentamente, modelo Miguel Hernández. En cuanto a la Iglesia, que lo acogía bajo palio, es de suponer que le otorgaría una bula para el quinto mandamiento.

En los años veinte la nobleza española en bloque estaba de acuerdo con la intervención en África, pero ningún noble se apuntó a la Legión. Una victoria importante de las clases dominantes consiste en presentarnos como obviedades contradicciones flagrantes. Claro que no es de extrañar en ese grupo de individuos que poco después protagonizó el hecho de mayor cobardía colectiva de la historia de España: ni un solo noble tuvo valor para acompañar a Alfonso XIII el día de su exilio, ni siquiera Jacobo Fitz James Stuart, que había sido ministro pocos meses antes. Este personaje de apellidos tan reciamente castellanos, era el XVII Duque de Alba (1). Si éste tuvo el deshonor de encabezar aquel acto tan cobarde, sus descendientes son los recipiendarios del mayor ejemplo de despilfarro de los Fondos Europeos: se apropian de más de un millón de euros anuales por el hecho tan meritorio de haber heredado muchos cortijos. Defender esta tropelía es lo que nuestros políticos llaman defender los intereses de España.

Los libros de texto hablan de la esclavitud refiriéndola a siglos pasados: pero nunca ha habido tantos esclavos y tan mal tratados y a edades tan tempranas como ahora (esclavizar: tener sometido a alguien y hacerle trabajar con excesivo rigor). Mª Moliner otra vez). Contarlos es una tarea difícil, dificultad que se acentúa porque la clase dominante ha suprimido el término. Sólo en Pakistán, país con su bomba atómica, se calcula que hay 20 millones de niños esclavos, aunque quizás sólo sean 12, según las fuentes consultadas.

Un sábado al medio día compraba en un almacén popular. Al llegar a mi turno pregunté a la cajera si sabía si aquellas prendas habían sido hechas respetando unos mínimos derechos laborales; ella, una mujer joven, me miraba sorprendida y parecía no entenderme; le expliqué, dirigiéndome también a los que esperaban turno, que las grandes sociedades anónimas habían devenido en monstruos sin alma cegados por la única ambición del beneficio inmediato, que muchos artículos se hacían en turnos de 12 horas siete días a la semana, por un salario que a veces no llegaba a los 40 céntimos la hora. Una cajera vecina de mayor edad, me dijo que me fuera o llamaba al encargado.

Un individuo de la cola con gafas de montura negra y una ropa que había soportado cientos de lavados me dijo “que era necesario que los subdesarrollos pasaran hambre para que nosotros vivamos mejor”, frase siniestramente similar a los carteles que los SS ponían a los adolescentes que ahorcaban en Rusia (“es necesario que los rusos mueran para que nosotros vivamos”).

Hablé a dos señoras que aguardaban su vez sobre la importancia de la solidaridad entre los trabajadores del mundo entero… saltó entonces un individuo más grande que yo y con cara de tener la capacidad de recitar la alineación del Betis de carrerilla, situándose a menos de un metro me dijo en un tono innecesariamente alto que no le tocara los bajos de su anatomía: sentí una mano en el hombro y oí un “acompáñeme” de una voz autoritaria. Me volví y me topé con otro más grande, con un uniforme con su gorra y todo; iba a responderle que si era para apuntarme a Intermón no hacía falta. Pero entonces creí sentir el aliento del bético en el cogote y se me alteraron las constantes somáticas de la manera que Sigfrido relata a la ex valquiria cuando descubre el miedo. Miré en derredor y viendo sólo rostros hoscos me di cuenta de la gravedad de mi pecado: había osado interrumpir la sagrada ceremonia del consumo.

El trauma provocado por la muerte de Dios según Nietzsche (“Dios ha muerto, y el hedor de su cadáver se expande por el universo”) había sido superado por el carrito del supermercado. Agaché la cabeza, puse 50 euros sobe la cinta transportadora y noté el alivio de la cajera mientras me daba la vuelta (”otro loco”, pensaría). Cuando me iba, un anciano muy pulcro y bien trajeado, que pasaba su compra por la caja vecina, dijo: “Franco sí que entendía bien a esta chusma”…

Pensé replicarle con las palabras del comienzo de este escrito, pero ya no tenía valor: comprobé que al fin y al cabo algo tenía en común con Jacobo Fitz James, y no era precisamente el número de cortijos. Y lo que es peor, me di cuenta que tampoco seria capaz de repetirlo. Muchos trabajadores son como aquellos nobles “legionarios de salón”: bonita es la solidaridad, pero que la practique otro. Y no harán preguntas sobre sus compañeros de más allá del mar por comodidad o cobardía o alegando falsamente ignorancia. Un día la publicidad explotará el filón de esa emoción que puede sentirse al matar un pobre (por el mismo precio).

Cuando vuelva al supermercado sabré que lo que compre podría estar hecho por un Ranjith Mudiyanselage de Sri Lanka, que después de quejarse por el mal funcionamiento de una máquina que había cortado el dedo a un compañero, lo secuestraron cuando se disponía a testimoniar durante la investigación del caso. Su cadáver apareció golpeado y quemado sobre una pila de neumáticos usados. Su asesor legal, que le acompañaba, perdió la vida de la misma forma (modalidad Lorca). O por Carmelita Alonzo de Filipinas que, agotada y enferma, suplicó un día de descanso y le informaron que si no se presentaba al trabajo sería despedida, lujo imposible para ella, y siguió trabajando hasta que murió de neumonía un 8 de marzo, el Día internacional de la Mujer (modalidad Hernández). Lo sabré y no diré nada.

Que cada cual hable de su vergüenza si quiere. Yo bastante tengo con la mía.

(1) García Gómez, miembro de la Real Academia de la Historia nos describe así la impresión que causaba en los visitantes extranjeros. “Enseguida se percataban de que tenía ante sí a un personaje excepcional: su prócer esbeltez, la cabeza de águila, la tez curtida los cabellos cobrizos que, con los años, había frotado la plata. Tal aspecto lo acrecentaba la inimitable elegancia en el vestir, el trato afable y los modales en los que la cortesía no era incompatible con la actitud majestuosa, quizás incorporada genéticamente y que impregnaba su presencia y sus movimientos”.

Juan Caro

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