El Rincón de Joseca

Otro mundo es posible

Archive for the ‘Centroamérica y América del Sur’ Category

El gran teatro de Haití

Posted by Joseca en 20/01/2010

Tiembla la tierra, caen los edificios y la solidaridad germina como si de una bella flor se tratara. Donaciones privadas, fondos estatales, compromisos internacionales… ¿pero que ocurre cuando esa tragedia no perece con la misma rapidez que brotó? ¿Quién se ocupa y preocupa de los que la sufren cuando los titulares de los telediarios no la consideran ya noticia? Absolutamente nadie. Ni representantes políticos, ni tertulianos radiofónicos ni nadie de aquellos a los que parecía rompérseles en pedazos el corazón apenas unos meses antes.

Por desgracia, con Haití pasará lo mismo que con los que malviven en los países del Índico que sufrieron el maremoto en el 2004; lo mismo que con los irakíes cuyos cuerpos, almas y bolsillos gobiernan todavía aquellos que les bombardearon por el bien de la democracia; lo mismo que con los palestinos que aún sufren las consecuencias del criminal embargo israelí o simplemente lo mismo que con los millones de seres humanos a los que acompaña diariamente el hambre y la miseria. Convertirán su desdicha en un recuerdo borroso que irá diluyéndose conforme avanza el tiempo. Simplemente, dejarán de existir para el gran público.

El sistema es inteligente. Una cabronada como la de Haiti, que diría Maruja Torres, permite canalizar los nobles sentimientos de la ciudadanía y conceder unos minutos de gloria televisiva a nuestros representantes en la tierra y del cielo. Caridad, solidaridad, ayuda, compromiso… grandes palabras,  grandes proyectos… grandes mentiras. Hasta la próxima. Que ese país fuera el más pobre de América o que tuviera una esperanza de vida de 50 años, que haya sido saqueado desde hace centenares de años, deforestado, esclavizado, gobernado por dictadorzuelos apoyados por las grandes potencias, eso no es una tragedia… simplemente no existe. Las personas de bien ya han hecho lo que tenían que hacer: paliar el sufrimiento más inmediato de esa pobre gente y calmar sus conciencias, al menos durante un tiempo. Es suficiente. No hace falta que se pregunten por que la mitad de esa isla tenía los edificios que tenía. Tampoco necesitan que les adviertan de las condiciones de vida que existían antes del terremoto. Y por supuesto, es imprescindible que se olviden pronto de ellos. Es más: si es posible que ni siquiera se informen de lo que ocurre en estos momentos o, si lo hacen, que pase lo más desapercibido posible.

Estén tranquilos, señores gobernantes, dueños de las multinacionales, banqueros modélicos: todo volverá a la normalidad. Cierto, con unos miles de ciudadanos haitianos menos. Pero los que queden vivos, seguirán igual. Y nosotros volveremos a mirar para otra parte… no se nos ocurra hacer preguntas y pensar.

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Acuerdos de libre comercio, tratados de libre expolio

Posted by Joseca en 01/10/2009

Acuerdos de asociación económica con África, el Caribe y el Pacífico, acuerdos de asociación con Latinoamérica y la Comunidad Andina… acuerdos de libre comercio (ALC).

Cuanta importancia tiene el lenguaje. En muchas ocasiones, la naturaleza de las cosas parece mutar en función de la denominación que se escoja para ellas.

Cuando la Unión Europa introduce en la nomenclatura de estos instrumentos términos como acuerdo, libertad o asociación no lo hace de una forma inocente: sabe que su utilización genera por principio y casi de forma inconsciente una predisposición favorable a los mismos. Si esta tendencia es aderezada, como ocurre en el caso presente, con una información tendenciosa, muy parcial e incluso huidiza, el resultado no puede ser más previsible: una opinión ciudadana escasamente formada y por tanto exenta de crítica sobre el empleo de unas políticas comerciales pensadas por y para favorecer fundamentalmente los intereses de las firmas transnacionales de capital europeo. Unos intereses, hay que denunciarlo, que impiden el desarrollo de las economías locales y regionales de los países con los que se conciertan estas alianzas.

Pocos conocen que la base ideológica de los ALC está sustentada en una Comunicación de la Comisión al Consejo, al Parlamento Europeo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones, de 4 de octubre de 2006, llamada “Una Europa global: competir en el mundo”. Les aconsejo que empleen cuatro o cinco minutos en leer esta línea estratégica, pues muestra claramente cuales son las raíces de las que beben este tipo de instrumentos bilaterales: según se aclara en la citada comunicación, “la competitividad europea se basa en la apertura de los mercados en otras partes del mundo”, lo que, a juicio de la Comisión, exige hacer hincapié en la eliminación de las barreras legales que puedan existir en terceros países al libre intercambio -sean arancelarias o no-, el acceso sin restricciones a recursos como la energía, las materias primas, los metales y la participación creciente en sectores como los derechos de propiedad intelectual, servicios, inversiones o contratación pública.

A estos fines sirven precisamente los ALC. Como expresamente se reconoce en la propia Comunicación, “tienen la ventaja de poder cubrir ámbitos no abarcados ni por una normativa internacional ni por la OMC”. Esta circunstancia conlleva que aunque pueden ser medios adecuados para favorecer “objetivos de vecindad y desarrollo”, su finalidad principal es “atender a los intereses comerciales de la UE”. De ahí que su negociación se base en criterios exclusivamente económicistas y deba concluir con acuerdos lo “más completos, ambiciosos y amplios, de modo que incluyan una amplia gama de ámbitos que abarquen los servicios y las inversiones, así como los derechos de propiedad intelectual”.

Si existe una cuestión que ha de ser aclarada es precisamente la de la presunta libertad de la que gozan los terceros países para concertar este tipo de alianzas. No hay libertad sin igualdad y es notorio que no puede defenderse la existencia de una competición pretendidamente equitativa cuando tiene lugar entre economías muy desiguales. Y es que como denuncia Cheikh Tidiane, coordinador del Programa comercial de la organización ENDA de Senegal y asesor para África occidental en las negociaciones de los acuerdos comerciales, “no se puede aceptar un acuerdo de libre comercio entre la UE, que es la potencia comercial más poderosa del mundo, con África Occidental, la región más pobre del mundo“.

Conociendo cuales son los intereses que impulsan este tipo de tratados y las presiones a las que son sometidos los Estados objeto de los mismos -se ha llegado a presionar con la supresión de la Ayuda Oficial al Desarrollo-, no es complicado adivinar cuales son los resultados de esta política comercial: perpetuación de la pobreza, latrocinio de los recursos naturales e incremento de la dependencia de estos países respecto de Europa. Y con otra consecuencia grave: “la disminución del papel de los Estados, reduciendo los ingresos que hasta ahora obtenían de los aranceles a las importaciones de los productos de la UE, y por tanto reduciendo las capacidades de gasto público”. Y es que, como acertadamente se expone en Canal Solidario, imponiendo este tipo de acuerdos “la UE está denegando a los gobiernos y pueblos los mismos medios que permitieron a Europa empezar a prosperar, es decir: la protección de los sectores vulnerables y las industrias nacientes, los impuestos gubernamentales para ejecutar políticas públicas, y el apoyo al desarrollo socio-económico”.

Son numerosos los casos que dan buen reflejo de las negativos resultados que tiene la política comercial europea en los países emergentes o en vías de desarrollo. Baste señalar, por ejemplo, que

el déficit comercial de Sudáfrica con la UE crece alrededor de 2.000 millones de euros (unos 3.112 millones de dólares) por año, y que las exportaciones agrícolas europeas a Sudáfrica y a la Unión Aduanera de África Austral (SACU) aumentaron 50 por ciento desde 2003 a la fecha. Lo notable es que lo más perjudicial para el comercio de los países africanos es la importación de alimentos procesados, como mermeladas o frutas y verduras enlatadas, cuando esos países son productores de los mismos. Pero a la inversa, la UE se protege con aranceles a las importaciones y pone cuotas sobre «productos sensibles» para proteger a sus productores, a pesar de que en productos como la carne vacuna los países africanos son positivamente competitivos”.

Como siempre, habrá quien estando de acuerdo con estos planteamientos se encoja de hombros en la cómoda complacencia del que piensa que estas situaciones obedecen a una suerte de fenómeno natural. Y ante eso es necesaria una lucha aún más intensa, porque para modificar de forma estable cualquier estructura es ineludible hacerlo previamente con los posicionamientos teóricos que las sostienen, y uno de los más complicados de alterar es precisamente la certeza de que no existe alternativa seria al modelo vigente. De modo que si de justicia es censurar la actual política comercial de la Unión Europa, obligado es al mismo tiempo plantear alternativas concretas a la misma.

Ese modelo comercial alternativo es el que ha de explicarse y difundirse desde las redes sociales implicadas a la ciudadanía europea, para que no asuma como único, y lo que es peor, como propio, el que desde las Instituciones se le vende. Y es aquí donde sí debe hacerse una labor de autocrítica, porque si es cierto que dichos planteamientos existen, no lo es menos que carecen de un corpus estructurado y coherente que pueda ofrecerse como una verdadera propuesta programática. Será en el momento en que dicha propuesta se asuma no sólo como justa sino sobretodo como posible por la ciudadanía europea, cuando los gobernantes se verán obligados a tenerla en cuenta. Y es que en esta materia como en tantas otras, el cambio sólo puede comenzar si de verdad se cree en el mismo. ¿Quieres cambio? Cree en el cambio. Sé el cambio.

En todo caso, sirva a este propósito los reclamos que efectuaron numerosas organizaciones con motivo de la Semana Internacional para detener los Tratados de Libre Comercio de la UE y los países de África, Pacífico y Caribe de hace justo un año, algunos de los más interesantes son, a mi juicio, los siguientes:

  • Políticas comerciales que reconozcan el derecho a la protección de los mercados y la ayuda pública, así como políticas que promuevan intercambios locales y regionales en vez de exportaciones.
  • Una Reforma Agraria y Soberanía Alimentaria: políticas que reconozcan el derecho de los pueblos a elegir sus alimentos y a cómo producirlos, que estimulen los mercados locales y que apoyen la agricultura ecológica de pequeña escala.
  • Regulación comercial que asegure precios justos para los productores y los consumidores en el Sur y en el Norte.
  • La abolición de la Deuda Externa y la anulación de los pagos de toda deuda ilegítima.
  • Poner fin a la imposición de todas las políticas económicas de las Instituciones Financieras Internacionales como el Banco Mundial y el FMI (por ej. la privatización, la liberalización y la desregulación).
  • Libertad de movimiento para todas las personas. Hacer efectivos los derechos de los migrantes y otras personas víctimas que son desplazadas, consecuencia de las políticas de la UE y las crisis alimentaria y climática.

Con estas y otras medidas Europa se convertiría en un referente moral en todo el mundo y lo que es mejor, controlaría el poder de las multinacionales sobre los Estados y ayudaría a consolidar el desarrollo real de los países emergentes, mejorando la calidad de vida de sus habitantes. Dicho lo cual, me gustaría concluir con un párrafo extraído del citado llamamiento y que resume de forma muy lúcida lo que significan actualmente los ALC:

Solo buscan profundizar y perpetuar el actual sistema de dominación que ha provocado la actual crisis económica, alimentaria, energética y climática que todas y todos estamos sufriendo (…).

Los ALC suponen una amenaza no sólo para los presupuestos públicos, los ingresos de los pequeños/as productores/as e industrias locales, para la soberanía alimentaria, los servicios públicos y la integración regional alternativa, sino que también ponen en peligro el derecho y la capacidad de los países para realizar unas políticas económicas acordes con las necesidades de su población y afrontar así la crisis global”.

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El Salvador: el FMLN gana las elecciones

Posted by Joseca en 16/03/2009

Brasil, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Argentina, Chile… son numerosos los países de América del Sur que desde hace unos años están siendo gobernados por opciones progresistas,:algunas más continuistas de lo deseado, otras con un carácter más transformador, lo cierto es que parece una marea difícil de contener.

Hoy se ha sumado El Salvador, donde el FMLN ha ganado las elecciones.

Difícil es concluir si este caso o los precedentes están motivados por el desgaste lógico de los anteriores partidos gobernantes o son la expresión política de un verdadero y profundo deseo de cambio de las colectividades que con su voto han alzado al poder a este tipo de partidos políticos.

Y si complicado es llegar a tal certeza, más lo es el adivinar si van a lograr consumar las expectativas generadas. Ejemplos los hay ya que no conducen al optimismo.

Una prueba de ello la tenemos precisamente en el caso de El Salvador: después de 20 años de gobiernos de la derechista Arena, lo que debería convertirse en una alegría sin disimulos, como es la victoria del FMLN, produce un más que sintomático escepticismo entre los ex guerrilleros. Es posible que parte de ese recelo se deba no tanto a las propuestas programáticas del FMLN, que también, sino sobretodo a esa amalgama de personajes, personajillos y personajetes que, dotados de un olfato especial para según que ocasiones, tienen una habilidad especial para ganarse la confianza de quien en principio parece llamado a liderar el cambio. Si entre ellos se encuentran representantes de aquello contra lo que teóricamente se pretende combatir (Luis Ángel Lagos, organizador del movimiento Amigos de Funes, pasa por ser uno de los fundadores del grupo paramilitar Orden), las perspectivas de que el FMLN haga justicia -por ejemplo- a aquellos jesuitas que dieron su vida por el pueblo salvadoreño no son muy halagüeñas.

Dicho lo cual, no puede uno dejar de felicitarse por el resultado electoral de ayer en El Salvador. Con la por desgracia acostumbrada desconfianza en unos motores de cambio que suelen siempre gripar, aunque sólo sea por higiene democrática debe alegrar la llegada al poder del FMLN.

La cuestión es si, como en tantos otros casos, lo sucedido ayer en El Salvador se queda en una aseada alternancia o una verdadera alternativa. O, como se preguntaba un salvadoreño en un reportaje publicado ayer por El País, si pese a ganar, van a gobernar. Que no es lo mismo.

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