El Rincón de Joseca

Otro mundo es posible

“25s: Ocupa el Congreso”: análisis crítico y propuestas de mejora

Posted by Joseca en 25/08/2012

Reconozco que son numerosas las dudas que he tenido. Ha habido momentos en los que he mirado con simpatía la convocatoria y otros en los que la desconfianza ha predominado. Si escribo ahora estas líneas es porque creo que he adoptado ya una postura definitiva sobre el #25s y tengo la necesidad de transmitirla.

Lejos de mi intención, no obstante, pretender descalificar a los que mantengan tesis diferentes, ya que si algún aspecto positivo cabe extraer del evento es el profundo debate que ha originado sobre la ideología y oportunidad política de una acción como la que representa el #25s. Quizás incluso haya abierto vías de protesta política que pueden ser más productivas que las que hasta ahora se han ensayado, siempre que su armazón teórico y su estrategia estén mejor diseñados que el de la acción que motiva esa reflexión.

 

 

¿QUÉ ACCIÓN PRETENDE REALIZAR “OCUPA EL CONGRESO”?

“Ocupa el Congreso” es un evento creado en Facebook que pretende, según se indica en su Manifiesto “rodear el Congreso de los Diputados y permanecer allí de forma indefinida, hasta conseguir la disolución de las cortes y la apertura de un proceso constituyente para la redacción de una nueva constitución”. A tal fin se exige “la dimisión del Gobierno en pleno (…) la disolución de las Cortes y la convocatoria inmediata de elecciones generales (…) para convocar una Asamblea Constituyente (…) a fin de redactar una nueva Constitución”. En una segunda versión del Manifiesto se elimina la referencia a la convocatoria de las elecciones y se añade la necesidad de que se disuelva igualmente “la Jefatura del Estado”.

El grupo de personas del que parte la iniciativa se constituye posteriormente en una Plataforma denominada ¡EN PIE!. En el documento base y hoja de ruta de la Plataforma, publicado el 23/07/2012 se respeta el contenido de la acción descrita en la segunda versión del Manifiesto. El documento base y hoja de ruta de la Plataforma es reeditado el 20/08/2012, suprimiéndose el objetivo de redactar una nueva Constitución y sustituyéndolo por el más genérico de impulsar un “proceso de construcción de un nuevo sistema de organización política, económica y social hacia un modelo verdaderamente justo y solidario en el que el pueblo sea el verdadero protagonista”.

El primer aspecto que ha de tenerse claro es que la acción tal y como está definida es constitutiva de un delito de sedición. Los participantes en la misma pueden ser castigados con una “pena de cuatro a ocho años de prisión, y la de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de cuatro a ocho años” (art. 545.2 del Código Penal). Evidentemente, no todo acto ilegal es moralmente reprobable pero carece de sentido exponerse a este tipo de consecuencias personales cuando existen otras alternativas. En este sentido sería provechoso que lejos de “rodear el Congreso” -que impediría a los Diputados “el legítimo ejercicio de sus funciones” (art. 544 del Código Penal)- la acción consistiera en concentrarse indefinidamente a sus puertas sin obstaculizar la entrada de los electos en el hemiciclo. Además, esta acción seguiría teniendo una fuerte carga simbólica y de gran impacto mediático y su consecución sería el resultado no de acciones de fuerza física sino de la presión de la ética pública. Por otra parte, la acción, para ser masiva y tener éxito, debe ser forzosamente inclusiva: una alternativa como la que se propone sería capaz de sumar más simpatizantes a la acción.

Por otra parte, no es entendible que la acción consista en rodear una de las sedes de la representación popular -la otra es el Senado- si la finalidad confesada en el primera versión del Manifiesto “Ocupa el Congreso” es la convocatoria de elecciones generales. Tanto la disolución de las Cortes como la fijación de la fecha de las elecciones es competencia del Presidente del Gobierno (art. 115 de la Constitución), por lo que si lo pretendido es forzar ambos escenarios, la concentración habría de tener lugar en el Complejo de La Moncloa.

En todo caso, no deja de causar extrañeza que en el texto actualmente vigente (documento base y hoja de ruta de la Plataforma de 20/08/2012), los convocantes no prevean expresamente ni la celebración de elecciones generales ni la redacción de una nueva Constitución e incluso se suprima la referencia, sí contenida en el texto primigenio de 23/07/2012, a la consecución de una “democracia directa y participativa”. La eliminación de estas menciones no ayuda a comprender a través de que mecanismos pretende forzarse “un cambio hacia una auténtica democracia social”, impulsar un “proceso de construcción de un nuevo sistema de organización política, económica y social” o hacer de la necesaria transición “el llamamiento de unión de todas las luchas por una sociedad más justa y democrática, expresiones ya de por sí suficientemente ambiguas como para incluir diferentes fórmulas, no todas ellas apetecibles desde un punto de vista democrático.

¿QUIÉNES SON LOS RESPONSABLES DE LA SITUACIÓN QUE MOTIVA LA CONVOCATORIA DE LA ACCIÓN “OCUPA EL CONGRESO”?

Según la primera versión del Manifiesto de “Ocupa el Congreso”, sus convocantes son “personas comunes hartas de sufrir las consecuencias de una crisis que no hemos creado”. Afirman que “todos somos víctimas de un ataque sin precedentes (…) cuyos culpables son quienes se han configurado como una oligarquía intocable, con la complicidad de todas las fuerzas políticas representadas en el Parlamento. En la segunda versión del Manifiesto identifican a los culpables de la situación (“los mercados”), denominan “estafa a gran escala” a la crisis y concretan que el ataque proviene del “poder económico”. La evolución entre uno y otro Manifiesto es evidente en esta materia, pues si en el primero no se identificaba el causante de los males que motivan la acción más allá de una alusión genérica a la crisis, en el segundo sí se hace, señalando directamente a los mercados y al poder económico.

No obstante, llama la atención el escaso espacio que dedican los convocantes a los estamentos que constituyen el verdadero origen de la crisis -la oligarquía financiera y la gran patronal- y la reiteración con la que denuncian la actitud de las fuerzas políticas, a las cuales en la segunda versión del Manifiesto ni siquiera conceden la posibilidad de participar en la redacción de una nueva Constitución, extremo que sí aceptaban en el primero. El Manifiesto hace, en su primera versión, una verdadera enmienda a la totalidad del régimen de partidos políticos, a los cuales considera responsables de la situación sin diferenciar entre ellos posturas ideológicas o posicionamientos políticos, ni en el pasado -la Constitución fue “redactada por una camarilla a espaldas del pueblo”- ni en el presente -“vivimos en un gigantesco fraude social con gobiernos que sistemáticamente nos mienten”. A todos ellos les denomina con el epíteto “casta”.

La segunda versión del Manifiesto sigue tratándoles como un todo en el que no caben diferenciaciones o matices de ningún tipo e incluye términos como traición para describir la ejecutoria de las fuerzas políticas, concepto que también se emplea en el vigente documento base y hoja de ruta de la Plataforma ¡En Pie! de 20/08/2012. Por lo demás, su falta de protagonismo durante el proceso constituyente y más allá de él no deja de producir cierto desasosiego cuando no se especifican a través de que otras fórmulas pretende desarrollarse el nuevo modelo político.

No puede soslayarse la objetiva responsabilidad que el Gobierno de la Nación tiene en el empobrecimiento de la sociedad española durante los últimos años, así como la complicidad de muchos partidos políticos de la oposición. Pero calificar a todos por igual y no distinguir las posturas de unas fuerzas respecto a otras o incluso la actitud de los diferentes diputados es tan injusto como peligroso.

Entiendo que este es uno de los aspectos donde mayor depuración teórica ha de hacerse, pues la marea antipolítica y antisindical que acrece cada vez con mayor frecuencia en las playas de la opinión pública y publicada es el germen del fascismo y la antesala de movimientos totalitarios de masas que no deben minusvalorarse. Quizás fuera oportuno denunciar a los concretos partidos políticos que con sus votos han apoyado las reformas impulsadas desde mayo de 2010, aclarando por tanto que el problema no es tanto “el sistema político” como las medidas adoptadas por determinadas fuerzas políticas.

¿CÓMO ES EL PROCESO DE TRANSICIÓN HACIA EL NUEVO MODELO DE ESTADO QUE PROPONE “OCUPA EL CONGRESO”?

El movimiento “Ocupa el Congreso” deja claro desde el principio que la disolución de las Cortes tiene como consecuencia inmediata la apertura de un “Proceso Constituyente”. Así lo declara en las dos versiones del Manifiesto y en la primera edición del documento base y hoja de ruta de la Plataforma ¡En Pie!. En la segunda versión de dicho documento esa expresión es suprimida, lo cual es inquietantemente coherente con la ya citada omisión sobre la intención de redactar una nueva Constitución.

En todo caso, lo trascendente no es la titulación de ese proceso, sino como desea llevarse a cabo.

En la primera versión del Manifiesto apenas existen referencias a que ocurrirá en caso de que las Cortes Generales se disuelvan. Tan solo apunta que las elecciones generales tendrían como finalidad “convocar una Asamblea Constituyente, a fin de redactar una nueva Constitución, con la participación de todas las fuerzas políticas del país”. Ya en la segunda versión, se elimina la mención a la Asamblea constituyente y se prevé que la elaboración de la nueva Constitución tenga lugar no con la participación de las fuerzas políticas sino con la de “toda la ciudadanía”.

En la primera edición del documento base y hoja de ruta de la Plataforma se elige esta última opción. En la segunda ya hemos advertido que desaparecen las menciones a la Asamblea Constituyente y a la nueva Constitución y se opta por expresiones más imprecisas como “apertura de un proceso de transición hacia un nuevo modelo de organización” o “proceso de construcción de un nuevo sistema”, reconociendo que “los detalles de la transición propiamente están siendo debatidos”. No obstante, se asume que “se deberán articular las medidas adecuadas para permitir a la población expresar su opinión (y) participar en el proceso de decisión sobre el nuevo modelo de organización social que desea”.

No es posible por tanto dilucidar como se llevará a cabo un proceso de tamaña envergadura. En un principio los promotores adoptan la propuesta de una Asamblea Constituyente que redacte una nueva Constitución con la participación de todas las fuerzas políticas, lo que parece dotar de cierta continuidad al modelo político y plantear la consecución del nuevo escenario no tanto en clave de ruptura como de reforma. Sin embargo, la posterior desaparición de esa Asamblea y de las fuerzas políticas en la transición al nuevo sistema no se ve acompañada de alternativas específicas más allá de los llamamientos a la ciudadanía como protagonista del cambio.

Esta indefinición es ciertamente preocupante, pues ante movimientos de masas como los que pueden acompañar, en caso de éxito, este tipo de acciones, no puede dejarse al albur de la improvisión o, peor aún, de determinados elementos involucionistas, la fijación de los métodos mediante los cuales se decide quien y de que manera determina los esquemas del nuevo sistema. En este sentido, resulta obligado que antes de la fecha prevista para la concentración frente al Congreso se defina con suma concreción no solo los principios que van a guiar las estructuras que van a canalizar las demandas de la sociedad, sino los propios órganos encargados de ello, tales como asambleas ciudadanas, consejos de trabajadores, cortes constituyentes, organizaciones de reconocido prestigio o grupos de tecnócratas. La elección de las fórmulas y principios que regirán esos futuros órganos y la determinación de estos últimos es esencial para valorar el grado de democracia interna y representatividad del futuro sistema y por tanto para legitimar o no la acción prevista para el #25s.

¿QUÉ MEDIDAS PROPONE ADOPTAR “OCUPA EL CONGRESO”?

El análisis del Manifiesto, tanto en su versión primera como en su segunda, permite concluir que las reformas planteadas por “Ocupa el Congreso” son eso, reformas.

Todas las medidas planteadas por “Ocupa el Congreso” y la Plataforma ¡En Pie! son perfectamente encuadrables en el actual marco constitucional: la auditoría de la deuda pública, la reforma de la ley electoral, la derogación de las reformas adoptadas por el Gobierno, la reforma fiscal, la supresión de los privilegios políticos, la paralización de los desahucios, la creación de nuevos empleos o la nacionalización de sectores estratégicos son opciones que tienen plena cabida en la Constitución de 1978. De hecho, son varios los partidos políticos con y sin representación parlamentaria que vienen defendiendo parte o todas de esas propuestas desde hace años.

El problema para su implementación no es, frente a lo que pueda parecer, la propia Constitución, sino la voluntad política del Gobierno. Es por ello que nuevamente se yerra en la dirección de las balas y si al comienzo de esta reflexión se censuraba la idea de tomar el Congreso frente a la de concentrarse ante la sede del Presidente del Gobierno, en esta ocasión no puede dejarse de señalar que el trabajo debe dirigirse no tanto a abolir el texto constitucional como a presionar al Gobierno y a distintos partidos políticos para que adopten las propuestas que se estimen oportunas.

El desarrollo de este planteamiento y de esa presión no puede hacerse sobre la base de acciones como la del #25s. En todo caso, estas deben ser la consecución de una estrategia política y social a medio / largo plazo que ha de transcurrir necesariamente por la senda de la información y la formación populares. Si el objetivo es que las fuerzas políticas, básicamente las mayoritarias, se vean forzadas a modificar sus posiciones, es necesario convencer previamente a esa gran masa de electores que o bien no ejercen su derecho a voto o lo canalizan acríticamente en esos partidos. Ello no se consigue “ocupando el Congreso” sin más, sino que deben generarse estructuras para informar y formar a esa gran parte de la población: asambleas, talleres, documentos en red, conferencias, trípticos, pequeñas acciones de carácter mediático… Sin duda es una labor más ardua y lenta que la propuesta por los promotores de “Ocupa el Congreso”, pero si de verdad desean cambiarse las relaciones de poder es requisito sine qua non hacerlo primero con las mentalidades que las soportan.

¿QUÉ TIPO DE ESTADO DESEAN IMPLANTAR LOS PROMOTORES DE “OCUPA EL CONGRESO?

En el Manifiesto, tanto en su primera versión como en la segunda, se señala que la acción tiene por objeto “conseguir (…) un Estado democrático”, condición que le niegan al actual, delegando en “el pueblo” la determinación del “modelo de Estado [de la organización social en la segunda versión] en el que quiere vivir”. No hay más desarrollo al respecto.

En el documento base y hoja de ruta de la Plataforma de 23/07/2012 se indica que la acción tiene por objetivo “una Sociedad más justa y democrática”. Se insiste en que será el pueblo el que “determine el modelo de estado en el que quiere vivir”, pero sin calificarlo expresamente como democrático. En el documento revisado se opta por exigir “cambio hacia una auténtica democracia social”, afirman creer en una “organización política no monárquica” y manifiestan que el “nuevo modelo de organización política, social y económica” deberá suponer una “sociedad más justa y democrática”. En el desarrollo de la propuesta se aclara que el nuevo sistema debe concluir en “un modelo verdaderamente justo y solidario en el que el pueblo sea el verdadero protagonista”, en el que no podrán tener cabida sistemas que no lleven implícitos “principios básicos definitorios de una verdadera democracia, como las monarquías y otros modelos totalitarios”.

El hilo conductor de los documentos es sin duda la atribución al pueblo de la decisión sobre el nuevo modelo de Estado. Aunque solo en el Manifiesto se le califica al nuevo Estado como democrático, no puede obviarse que en el documento base y hoja de ruta se enumeran principios de los que podría extraerse dicho carácter. No obstante, sería conveniente recuperar expresamente dicha calificación, pues ni es lo mismo un Estado democrático que una “sociedad democrática” o una “democracia social” ni las exclusiones a los “modelos totalitarios” son suficientemente sólidos, pues caben alternativas de naturaleza “autoritaria” y los diferentes sectores pueden llegar a conclusiones distintas sobre lo que es un modelo de tal corte. Numerosos son los casos en la Historia de regímenes no democráticos que se atribuían asimismo dicha naturaleza acompañando al término democracia de epítetos para reforzar o marcar ese carácter del que obviamente carecían.

Por otra parte, llama poderosamente la atención que solo en el documento del 20/08/2012 se descarte expresamente la Monarquía como forma de Estado y se haga de una forma un tanto alambicada, como permite concluir la expresión “organización política no monárquica” o “forma de organización política fundamentada en la república”. Pareciera que hay cierto rubor en calificar el nuevo régimen simple y llanamente como republicano. Un indicio de la oscuridad en la que se mueve el movimiento en este campo es que en el propio documento de 20/08/2012 la única nota a pie de página que existe es precisamente para explicar que se entiende por República, una aclaración que debería ser superflua y por su propio contenido lejos de tranquilizar provoca más desazón.

La introducción del rechazo a la monarquía da la impresión de estar forzado por las críticas recibidas ante su omisión en documentos precedentes, incluyéndose de una manera un tanto confusa y abierta. Sería menester por tanto calificar estrictamente la nueva forma de organización del Estado como “República”, sin circunloquios ni pseudo aclaraciones como las analizadas.

CONCLUSIONES

La acción “25s: Ocupa el Congreso” carece de un contenido suficientemente sólido para apoyarla.

Son numerosos los conceptos difusos, planteamientos equívocos y omisiones llamativas que sellan una iniciativa que por su trascendencia y altos objetivos que persigue requiere de una mayor definición y desarrollo. Existen datos que permiten concluir que la acción se ha publicitado sin estar suficientemente trabajada. Prueba de ello es la elaboración de hasta cuatro documentos por los promotores y el reconocimiento expreso en el último de ellos de que “los detalles de la transición propiamente dicha están siendo debatidos”. De no aceptarse que ello obedece a la improvisación la conclusión no puede ser otra de que la generalidad con la que está planteada obedece a motivos aún no suficientemente explicados.

En este sentido, sí es cierto que se observa una evolución en el contenido de la propuesta, sobretodo en la última versión del documento y hoja de ruta de la Plataforma, incluyendo principios y exigencias que pueden aceptarse sin condicionamientos de ningún tipo. Pero precisamente porque los antecedentes descritos no permiten concluir a que se debió su exclusión en documentos precedentes debe serse sumamente cauteloso en la defensa de una acción de este tipo.

En conclusión, la acción prevista para el 25s debería ser suspendida hasta que se perfilasen o reformasen muchos de los extremos de la misma: un trabajo previo que requiere de tiempo y sobretodo de transparencia, que también ha brillado por su ausencia y que ha motivado no pocas desconfianzas sobre la finalidad buscada por sus promotores.

Por otra parte, una acción de este tipo, si no está correctamente cimentada, corre el riesgo de ser aprovechada por el sistema para reforzar la represión a la disidencia y aumentar el temor de una gran parte de la población ante escenarios fácilmente manipulables. Es necesario por tanto continuar debatiendo sobre las estrategias a seguir para que una acción de este tipo esté bien fundamentada desde el punto de vista teórico y correctamente articulada en su praxis.

No me gustaría concluir este análisis sin hacer un llamamiento a la unión de todos cuantos aspiramos a la superación del actual sistema. Sea cual sea nuestra posición ante el 25s, el adversario está en el otro lado de la trinchera. Mal haríamos unos y otros en hacer de este acontecimiento un motivo para el distanciamiento y el ataque personal. Todos, unos y otros, trabajamos por lo mismo, por lo que han de evitarse en la medida de lo posible presunciones y descalificaciones. Guardo un gran respeto por los que desde posiciones de izquierda están trabajando en el perfeccionamiento de la acción y apoyan la misma, pues su objetivo no es otro que transformar un modelo de Estado que ninguno compartimos. Esta es mi pequeña contribución a esa labor. También respeto y en este caso comparto las posturas de aquellos compañeros que desde ese mismo posicionamiento ideológico censuran la acción, pues teniendo los mismos objetivos entienden que los métodos deben ser otros o al menos estar más depurados.

Sea como sea, desde estas líneas animo a unos y otros a seguir debatiendo sobre las acciones que pueden impulsarse para poner de manifiesto las contradicciones del sistema y para establecer las fórmulas y modelos organizativos que permitan superar el mismo.

¡Salud, compañeros! Y no olvidéis que somos más y mejores. ¡A por ellos!

 

Post scriptum: a continuación os subo para su descarga un documento en el que tenéis las dos versiones del Manifiesto de Ocupa el Congreso y las dos ediciones del documento y hoja de ruta de la Plataforma ¡En Pie!, a fin de que quien lo desea pueda estudiarlos y llegar a sus propias conclusiones.

Documentos Ocupa el Congreso

 

Os reproduzco igualmente a continuación los diferentes enlaces al movimiento para que podáis acudir a las fuentes y hacer vuestro propio análisis:

Ocupa el Congreso:

Facebook: http://www.facebook.com/OcupaElCongreso

Grupo debate: https://www.facebook.com/groups/318713574883730/

Evento: http://www.facebook.com/events/355184007883632/

Twitter: https://twitter.com/ocupaelcongreso

Blog: http://plataformaenpie.wordpress.com/

Contacto: info.ocupaelcongreso@gmail.com

Video: http://www.youtube.com/watch?v=iBIBNQ37gCA

Avaaz: http://www.avaaz.org/es/petition/El_25_de_Septiembre_rodeamos_el_congreso/?cKmOpdb

Plataforma ¡En Pie!:

Blog: http://plataformaenpie.wordpress.com

Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/355184007883632/

FanPage: https://www.facebook.com/OcupaElCongreso

Grupo de debate: https://www.facebook.com/groups/318713574883730/

Twitter: https://twitter.com/ocupaelcongreso

Vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=iBIBNQ37gCA

 

ACTUALIZACIÓN (26/08/2012): Ayer tuvo un reunión, que tiene su continuación esta misma mañana, entre los promotores del #25s y diversos colectivos interesados en la misma. Las informaciones que llegan sobre la misma son alentadores. Según explica @juanlusanchez en este artículo se ha creado una Coordinadora en la que los promotores no son sino uno más de los que trabajan por depurar la estrategia de la acción, la cual se abrirá al resto de colectivos interesados, dotándola de un carácter abierto y horizontal que se ha echado mucho menos.

3 comentarios to ““25s: Ocupa el Congreso”: análisis crítico y propuestas de mejora”

  1. twistedpalo said

    Estoy de acuerdo al 100%

  2. Un poema para el evento. Maxima difusion

  3. […] comentarios y referencias elefanteenelsalon en “25s: Ocupa el Congreso”: análisis crítico y propuestas de mejoratwistedpalo en “25s: Ocupa el Congreso”: análisis crítico y propuestas […]

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