El Rincón de Joseca

Otro mundo es posible

Motivos para la revolución: España, donde el que más tiene menos paga

Posted by Joseca en 22/08/2012

Tenemos una Constitución que es la ostia. Al tiempo que proclama que “los españoles son iguales ante la Ley” (art. 14), certifica que “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad” (art. 56.3), sacralizando aquel mandamiento novelesco de que todos somos iguales pero unos más que otros. Asume que “la soberanía nacional reside en el pueblo español” (art. 1.2) pero atribuye a “las Fuerzas Armadas” la misión de defender la “integridad territorial” de España (art. 8.1), obviando la posibilidad de que el propio pueblo opte por asumir la secesión de algún territorio. Afirma que “queda abolida la pena de muerte” pero habilita a “las Leyes penales militares” para que la impongan en “tiempos de guerra” (art. 15), cuando menos garantías concurren en su aplicación.

Sin embargo, si graves son las contradicciones internas de nuestro texto constitucional, más aún son los incumplimientos que por vía de hecho se están acometiendo sobre los principios y derechos que la informan y reconoce. Podríamos citar hechos como el de los ministros que juran con la mano tendida sobre la Biblia y la mirada absorta en el crucifijo en un Estado que formalmente se declara aconfesional (art. 16.3). O el proyecto de reforma del Código Penal para castigar con penas de hasta 4 años la resistencia pacífica en concentraciones y manifestaciones mientras siguen vigentes los derechos a la libertad de expresión y de reunión (arts. 20.1 y 21.1). Y que decir de las políticas de ajuste presupuestario que vulneran derechos como los de “la protección de la salud” o el “disfrutar de una vivienda digna y adecuada” o que menoscaban la obligación de los poderes públicos de garantizar, “mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad” (arts. 43.1, 47 y 50).

El actual Estado español es fruto de un pacto no escrito mediante el cual los que cedían formalmente el poder acusaban recibo de determinadas libertades y derechos fundamentales y los que celebraban la restauración de la democracia asumían la legitimidad de determinados símbolos e instituciones como la bandera, la monarquía o el mantenimiento del status quo de la Iglesia Católica.

La Constitución no es sino el amargo reflejo de esa realidad y muchos de sus aplicadores anhelan aquellos tiempos en los que las diferencias entre clases sociales, los privilegios económicos o la exclusividad en la participación política se concebían como auténticos cimientos de la verdadera España.

Uno de los ámbitos en los que más nítidamente quedan patentizados estos antecedentes es el tributario. Pese al tenor del art. 31.1 de la Constitución, que inocentemente señala que “todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”, los diferentes Gobiernos no han acometido reformas ni aprobado planes que permitan dar cumplimiento al mandato constitucional y eliminar las diferencias de trato que materialmente se dan entre las clases populares y los magnos patrimonios y élites financieras del país.

Las políticas fiscales regresivas, la reducción de la carga impositiva para las grandes rentas y la complaciente asunción del fraude fiscal han ocasionado una merma de ingresos en el Estado que dificulta en gran manera la prestación de los servicios públicos esenciales y que empobrece a las clases bajas y medias de la sociedad, principales destinatarias de aquellos y que asumen la mayor parte de los recortes y el ansia recaudadora del Estado. Este es el verdadero nudo gordiano del desequilibrio de la balanza presupuestaria.

El problema no está en el gasto social -por lo demás inferior a la media de la UE-15-, sino en los escasos recursos que el Estado detrae de las clases altas y las facilidades que tienen estas para no contribuir “como dios manda”, que diría Mariano.

Sinceramente, estoy hasta las mismísimas narices de escuchar que todos nos apretamos el cinturón por igual. No es verdad. Repito: NO ES VERDAD. El sistema tributario español es una tremenda estafa, posiblemente la mayor de cuantas se dan cita entre nosotros. Si imprescindible es la reforma de la legislación electoral, más aún lo es la de los procesos de captación y reasignación de recursos por el Estado.

¿Cómo es posible que en el IRPF las rentas del capital tributen alrededor de un 25% y las del trabajo puedan llegar a un 45%?

¿Quién entiende que los empresarios declaren 8.275 euros de ganancias anuales frente a los 19.359 euros que dicen ingresar los trabajadores?

¿Cómo puede permitirse que una gran empresa pueda tributar, gracias a las bonificaciones fiscales, a un tipo efectivo de hasta el 17% en el Impuesto de Sociedades mientras que una Pyme lo hace a un tipo efectivo del 25%?

¿Es ético permitir la existencia de más de 3.000 SICAV, las cuales gestionan un patrimonio de 26.154 millones de euros y que tributan a un ridículo 1%?

¿Cómo no se pone coto a la evasión fiscal que suponen muchas de las Fundaciones españolas que se constituyen en paraísos fiscales y que no han de declarar la actividad que tienen, ocultando la identidad de quien está detrás del dinero?

¿Por qué no se aprueba un Plan contra el Fraude Fiscal que permita a los técnicos e inspectores de Hacienda investigar un fenómeno que supone para las arcas del Estado cerca de 90.000 millones de euros al año, de cuyo importe el 80% es imputable a las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año?

¿Cuál es la razón por la que España no ha impulsado, como propone GHESTA, la adopción de un acuerdo por la OCDE para la obtención automática de información de carácter mercantil o tributario de personas o empresas que operen o sean titulares de bienes o derechos en paraísos fiscales, así como para la supresión de prácticas abusivas para reducir la factura fiscal internacional de las grandes corporaciones trasnacionales (precios de transferencia, holding, ETVE, etc.)? ¿Ha de recordársele que se estima que en los paraísos fiscales está depositado el 25% de la riqueza global? ¿O que de las grandes empresas del Ibex 35, se estima que el 82% mantiene sedes y operaciones ligadas directamente con los paraísos fiscales?

¿A qué obecede la práctica desaparición de Impuestos como el de Sucesiones y Donaciones o el de Patrimonio? ¿Por qué no se establece un Impuesto sobre las Grandes Fortunas?

¿Cómo puede aplaudirse una medida tan carente de ética como la amnistía fiscal concedida a los grandes evasores mientras se aprueban leyes para perseguir el fraude cometido por desempleados y autónomos?

Son muchos los interrogantes sin respuesta o con una respuesta que obligaría a instalar guillotinas en la Puerta del Sol. Existen muchas propuestas de reforma del sistema impositivo en España que permitirían no tener que aprobar los terribles ajustes que estamos sufriendo. HAY ALTERNATIVAS. Que no os engañen, hay alternativas y pueden ser puestas en marcha en menos de un año. El problema es que el poder político es preso de la oligarquía financiera. Se limitan a administrar sus intereses y no moverán un dedo que pueda hurgar en su tremendo patrimonio. Que quede claro: NO NOS APRIETAN A TODOS EL CINTURÓN NI TODOS CONTRIBUIMOS POR IGUAL AL SOSTENIMIENTO DE LAS CUENTAS PÚBLICAS. Ni antes ni ahora. De nosotros depende que en un futuro siga siendo así.

El #15S tenemos la primera oportunidad de mostrar nuestra fuerza. Pero no olvidéis que para que las acciones tengan éxito, es necesario previamente hacer una buena labor de información y formación y eso requiere tiempo. Los datos los tenéis a vuestro alcance a través de diversos medios. Estudiarlos y reflexionar sobre ellos. Y luego comentadlos en vuestras casas, debatidlos con vuestros amigos e intercambiad opiniones con vuestros compañeros.

El mayor poder que tiene el sistema es el férreo control de la información. Romped ese muro, pues una vez destrozado habrá miles de personas que se unan a nosotros y exijan un cambio real en España.

Somos más y somos mejores. Lo sabemos. Ellos lo saben. Saben que lo sabemos. Es cuestión de tiempo.

Una respuesta to “Motivos para la revolución: España, donde el que más tiene menos paga”

  1. Antonio del Corral said

    Excelente artículo que nos resume la realidad fiscal española, soportada por las clases populares.
    Si sangrante es el fraude y la elusión fiscal, no hay palabras que describan las SICAV, invento para que las grandes fortunas no lleguen a aportar un ridículo 1%.
    Y que decir de los empresarios que, viviendo a mesa y mantel, barcos, yates y demás oropeles, ganan menos que sus trabajadores?? Pobreticos, que a pesar de acogerse a todas las subvenciones posibles, tienen que acogerse a ERES porque han tenido “pérdidas” respecto a ejercicios anteriores.
    No nos engañemos, el vulgo tiene ciertos derechos básicos, los suficientes o mínimos para evitar un levantamiento de la población, pero el PODER, EN MAYÚSCULAS, está fuera del alcance del gobierno, y por supuesto, no se dejará tocar.

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