El Rincón de Joseca

Otro mundo es posible

Seis rápidos apuntes sobre el rescate a España

Posted by Joseca en 09/06/2012

1.- Es un rescate. Que De Guindos lo llame “préstamo muy favorable” o “apoyo financiero” son eufemismos que no pueden negar la evidencia. El Gobierno está acostumbrado a ello: a la subida del IRPF la denominó “recargo temporal de sollidaridad“, a la amnistía fiscal “regularización de rentas y activos” y al anuncio de la subida del IVA a partir del 2013 “un aumento sobre la imposición del consumo“.

La palabra “rescate” es treding topic mundial en Twitter y está en 650 de 881 periódicos. Sea como fuera y con independencia de como se quiera calificar, la realidad es la que es: la ayuda sale del fondo de rescate europeo.

2.- Es una intervención. De Guindos ha anunciado que la ayuda financiera no se sujetará a condiciones de política macroeconómica ni fiscal, afectando únicamente a las condiciones de reestructuración y saneamiento del sistema financiero. Si ello fuera cierto, no deja de ser una intervención, aunque sea limitada al sector bancario.

Sin embargo, todo invita a pensar que no será así y que el Gobierno se verá obligado a implementar mayores medidas de ajuste presupuestario. El propio Eurogrupo en su comunicado señala que “el Eurogrupo está convencido de que España cumplirá sus compromisos contra el déficit excesivo y con respecto a reformas estructurales, con el fin de corregir los desequilibrios macroeconómicos en el marco del semestre europeo. El progreso en estas áreas serán revisados regularmente y con gran atención en paralelo con la asistencia financiera“. O dicho en román paladido, la ayuda al sector financiero quedará condicionada a la adopción de medidas en esos ámbitos, las cuales serán examinadas por el Eurogrupo.

3.- La ayuda se presta al Estado, no a los bancos. Tal y como ha declarado el Ministro de Economía alemán, “el dinero se da a España, no a los bancos (…), una ayuda que tendrán que devolver“. Aunque el Gobierno intentó, como es de público conocimiento, que la ayuda la recibiese directamente el sistema financiero y de esa forma el problema lo tuviera en última instancia el BCE, lo cierto es que finalmente quien solicita la ayuda y a quien se concede el préstamo es el Estado español.

Así lo ha venido a reconocer el propio De Guindos cuando ha aclarado que el préstamo se canalizaría “a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria” o cuando el propio Eurogrupo, nuevamente en su comunicado, “considera que el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), que actúa como agente del Gobierno español, podría recibir los fondos y canalizarlos a las instituciones financieras interesadas. El Gobierno español mantendrá la plena responsabilidad de la asistencia financiera y firmará el Memorando de Entendimiento (MoU)“:

Cuestión distinta es que el dinero se emplee en sanear el sistema financiero. Pero la ayuda la solicita y la obtiene el Estado español, y por tanto él es el responsable de su devolución.

4.- No es un buen acuerdo para el Estado español. Sin perjuicio de lo expuesto en la consideración anterior, debe tenerse en cuenta que en último término el rescate supone convertir deuda privada en deuda pública. El propio De Guindos ha reconocido que los intereses se imputarán al déficit público y los préstamos a la deuda. Es el Estado español el que responderá ante Europa del préstamo que se haga y del pago de los intereses y la amortizaciones de la deuda. Sólo en el caso de que el sistema fianciero pueda devolver lo prestado por el FROB el Estado se liberará de esa carga, lo cual, visto lo visto, no parece muy probable. Más que préstamos que devolverán las cajas y bancos, la situación en los próximos meses derivará posiblemente en inyecciones de capital puras y duras. No parece en este sentido probable que las cajas y bancos que se han intervenido o que están por intervenir por no ser solventes, tengan capacidad para devolver los préstamos concedidos.

Desde este mismo año, los intereses que el Gobierno pague por esa deuda deberán computar como déficit, lo que significa que hará falta un nuevo ajuste para pagar esos intereses a Europa. Como mínimo, habrá de reconocerse que convierten a los ciudadanos en avalistas de un sector bancario que deberá demostrar una mayor pericia en la gestión de lo que lo ha hecho hasta ahora, lo cual supone tener una fe mayor que la del carbonero.

Por otra parte, no puede obviarse que el rescate supondrá un 10% del PIB, lo que previsiblemente conllevará que las agencias del rating reduzcan la calificación de la deuda soberana del Estado y la sitúe al nivel del bono basura, rebajando las posibilidades del Tesoro de financiarse e incrementando previsiblemente las posibilidades de que el “préstamo” al sector financiero termine derivando en un programa de ayuda integral. Esta posibilidad, por el mero hecho de serla, es discutible, pero como tal ha de tenerse por lo menos en cuenta a efectos del riesgo que comporta asumir como deuda pública deuda privada.

5.- No es un éxito en la gestión del Gobierno. El Gobierno ha insistido en que la ayuda se canalizase directamente al sistema financiero. Ni las presiones poniendo en duda el futuro del euro ni las amenazas de abandonar dicha moneda han surtido efectos y finalmente han claudicado ante la presión de Alemania. El que, de momento, no se impongan medidas de corte macroeconómico no puede soslayar este presupuesto, sin duda de vital importancia pues supone, como ha quedado escrito, que es el Estado el que en última instancia responde del préstamo.

Por otra parte, los intereses que ha de abonar el Estado por la ayuda son los mismos que en el resto de los países rescatados, según confirma Reuters, y por lo que parece estarían entre el 3 y el 4%. El Estado hoy por hoy se está financiando al 6%, por lo que desde este punto de vista el acuerdo es favorable. No obstante, habría que estudiar si merece la pena habido el riesgo que se corre de que finalmente el préstamo transmute en deuda soberana y sobretodo si no existen otras fórmulas como la creación de banca pública que conceda créditos a familias y empresas o la quiebra ordenada del 30% del sector que según De Guindos está abocado a pedir auxilio financiero utilizando los miles de millones que se están inyectando para cubrir los depósitos de los ahorradores hasta 100.000 euros).

Por otra parte, el que la ayuda financiera no se enmarque en un programa de rescate integral como Grecia, Portugal o Irlanda obedece a un motivo muy simple: España ya está implementando “voluntariamente” medidas del corte de las aprobadas en esos países y seguirá haciéndolo “de forma voluntaria”. En breve el Consejo de Ministros aprobará reducciones de pensiones y de la prestación por desempleo, bajará los sueldos de los funcionarios o elevará los tipos impositivos del IVA. El que lo haga con pleno convencimiento o presionados por Europa es indiferente: lo trascendente es que son conditio sine qua non para ser objeto de ayuda. En todo caso saldremos de dudas en Julio, cuando previsiblemente se firme el Memorando de Entendimiento entre el Estado español y el Eurogrupo.

Sea como fuere, la gestión del Gobierno ha acelerado y precipitado la decisión de Europa de presionar para que solicite el rescate. Las dos fallidas reformas financieras, la crisis de Bankia -recuérdese que el BCE acusó al Gobierno de gestionarla “de la peor forma posible“-, el desprestigio público y notorio al que han sometido a las Comunidades Autónomas y al Banco de España (con independencia de los errores de supervisión que efectivamente puede haber tenido), el hecho de que el Presidente del Gobierno reconozca expresamente en rueda de prensa que no sabe aún como pagar la nacionalización de Bankia o la ocultación y posterior incremento del déficit público no han ayudado evidentemente a calmar la situación, todo lo contrario. La huida de capitales durante estos meses y el incremento de la prima de riesgo son buen reflejo de la desconfianza que grandes patrimonios, inversores y mercados han mostrado hacia el actual Gobierno.

6.- La pésima gestión, las mentiras y la cobardía exigen que Rajoy dimita. Ya lo hicieron con el abaratamiento del despido, con la subida de impuestos o con la promesa de no tocar la sanidad pública. Y en este caso han vuelto a mentir. Esta misma mañana tanto el Ministro de Industria como la Secretaria de Estado de Presupuestos negaban “rotundamente” que España fuese a pedir el rescate de la banca. Hace semana y media y ya anteriormente lo hacía el propio Mariano Rajoy y los Ministros de Economía y Hacienda se han negado a admitir constantemente la posibilidad de que España fuese rescatada.

El caso de Mariano Rajoy es especialmente grave. No sólo porque en su condición de Presidente esos desmentidos adquieren mayor relevancia sino porque a la mentira le añade una cobardía impropia de su cargo. Es conocido su escaso aprecio por las explicaciones públicas, pero que en la rueda de prensa más importante de España en los últimos 30 años haya delegado esa función en el Ministro de Economía es inaudito.

Junto a ambas indecencias concurre otra en este caso no menos significativa: Mariano Rajoy acudirá mañana a Gdansk para ver el partido España-Italia. El día en que se oficializa el rescate al país, su Presidente, lejos de dar explicaciones, se marcha del país para ver un partido de fútbol.

La dimisión por el mero hecho de haber tenido que solicitar el rescate europeo es forzada, como ha ocurrido en el resto de los países. Pero si además dicho rescate se ha visto trufado de mentiras, pésimas gestiones e irresponsabilidades manifiestas, dimitir se convierte en un imperativo moral.

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