El Rincón de Joseca

Otro mundo es posible

Las mentiras de los amos de Europa

Posted by Joseca en 14/05/2010

Tal noche como ésta uno podría sentarse delante de su portátil y escupir en forma de insultos toda suerte de maldiciones bíblicas y macabros anatemas. El cuerpo te pide destinar la retahíla de imprecaciones en primer lugar al hombre del talante, a ese que lo mismo glosa una obviedad que transforma su inane programa político en una campaña de cejas arqueadas y sonrisas con gemelos.

Lo que ocurre es que cuando la inicial amargura va diluyéndose y concedes un espacio a la reflexión, adviertes que Rodríguez no es más que una polichinela en manos de aquellos que durante tantos años han dictado las reglas del capitalismo del casino. Entonces, al tiempo que el aborrecimiento por el Presidente se transforma en una pelada ojeriza, las execraciones toman la forma de adoquín griego y te planteas el por qué no proyectarlas sobre las marmóreas sedes de aquéllos que, sin atisbar adelgazamiento ninguno de sus inmaculadas cuentas bancarias, eran objeto de agasajos presidenciales en forma de saneamientos y rescates varios. Porque esos son los que, mientras disfrutan de sus yates y sus lujosas residencias de verano, transforman como doctos alquimistas el vil metal del trabajo ajeno en el oro propio del capital transfronterizo. Las reformas anunciadas ayer por el Jefe del Ejecutivo español no son sino el trasunto económico del poder político de estos ladrones de guante blanco y corbata de seda, una influencia que condiciona a los Gobiernos nacionales y que marca desde hace décadas sus políticas económicas y sociales. Es por ello que las medidas en España son análogas a las que han adoptado o están por adoptar las autoridades griegas, las portuguesas, las irlandesas o las francesas: en el fondo todas ellas beben de la misma fuente ideológica de la que manan las aguas amargas que empapan los principios y la normativa aprobada por las Instituciones de la Unión Europea y que impulsan aquellos predadores desde organismos como el FMI, el BM o la OCM.

Ayer Rodríguez asumió, si no lo había hecho ya, la preeminencia de los mercados financieros sobre el Estado y la ciudadanía. Él no decide, ejecuta órdenes. Se creyó Luis XIV y terminó siendo su sastre. Si fuera más leído sabría que ya en diciembre de 1997 Ignacio Ramonet, en su celebérrimo “Desarmar los mercados financieros”, advertía:

El desarme del poder financiero debe convertirse en un interés cívico de primera magnitud, si se quiere evitar que el mundo del próximo siglo se transforme en una jungla donde los predadores impongan su ley”.

Lamentablemente, el no haberlo hecho ha provocado la crisis actual y está permitiendo una nueva vuelta de tuerca que amenaza con socavar, definitivamente, los cimientos del Estado del Bienestar en toda Europa. Y es que el escenario actual demuestra que la Ley, lejos de ser la expresión de la voluntad popular, es la manifestación del poder financiero.

Ciñéndonos a la comparecencia de ayer, el Presidente español tuvo la gentileza  de taladrar un agujero, uno más, en el cinturón de las clases populares, haciendo suyo el dogma de que programas de ajuste como el que presentó son necesarios en países como España, dado que su excesivo déficit y  profusa deuda pública constituyen obstáculos insalvables para lograr la ansiada recuperación económica. Esta idea pertenece a un campo teórico que encuentra la explicación a las elevadas tasas de desempleo en las presuntas rigideces de sus mercados laborales y en la teórica insostenibilidad del sistema público de pensiones el cimiento en el que basar la hipotética quiebra del Estado del Bienestar. Así es que no sueñen con que éste ha sido un episodio aislado. Con toda seguridad en breve tiempo se transformará en una pesadilla que acompañará las medidas anunciadas ayer con otras tendentes al abaratamiento del despido y a la transferencia de esa gran tarta del ahorro colectivo e intergeneracional que es el sistema público de pensiones al sector privado.

Lo cierto es que, frente a lo que se piensa y se dice, ninguna de las presuntas “verdades” neoliberales goza de evidencia empírica: crisis antecedentes de similar gravedad (estúdiese como la Administración Roosevelt hizo frente a la Gran Depresión en EE.UU. o como operó el denominado Plan Marshall en la Europa de la posguerra) se resolvieron con una intervención pública masiva para crear empleo, ingentes inversiones públicas en infraestructuras, la aparición de bancas de tal naturaleza y el incremento de la masa salarial de los trabajadores, lo que provocó la minoración del desempleo, el acceso al crédito, la activación de la actividad económica y el crecimiento de la demanda debido una mayor capacidad de consumo. El déficit fue enjugado a lo largo de varios años y fue matizado con la subida de impuestos a las clases más pudientes. Lo que proponen los tercos defensores del neoliberalismo es justamente lo contrario, desconociendo que precisamente la llamada edad dorada del capitalismo tuvo lugar tras la implementación de aquellas medidas y fue diluyéndose a partir de los años 80 cuando comenzaron a desarrollarse las políticas defendidas por ellos. Un ejemplo de las perniciosas consecuencias de las medidas que se pretenden emplear en los países del sur de Europa puede encontrarse en Letonia, que desde hace dos años las aplica con el fin de integrarse en la Unión Europea.

Por otra parte, los datos actuales de países como Grecia o España desmienten las críticas antes reproducidas. Su déficit ni es estructural ni ha sido provocado por la exhuberancia del gasto público, sino que tiene su origen, en una gran medida, en la caída en la recaudación de los ingresos. Ambos países han conocido de un crecimiento económico en los últimos diez o quince años superior a la media de la Unión Europea y tienen un gasto público, con relación al PIB, inferior al promedio de la UE-15. Por otra parte, la deuda es similar a la prevista para el 2011 como media de los países de la OCDE y desde luego, menor por ejemplo que la de Japón. En cuanto a los costes laborales, citados frecuentemente como uno de los escollos principales para la competitividad y el crecimiento, las naciones objeto de los ataques especulativos son precisamente las que tienen uno de los niveles salariales más bajos de la UE-15. Por lo que se refiere al sistema público de pensiones, me remito a lo que expuse en la entrada que publiqué el pasado 23 de febrero: “Contra el pensionazo”. Curiosamente, y como ya expuse en un comentario a esta entrada, España tiene, respecto del resto de los países de la OCDE, uno de los porcentajes más bajos de empleados públicos respecto de su fuerza laboral: mientras que la media se sitúa en el 14,3 %, España por ejemplo se sitúa en el 13%. Curiosamente los países en los que las cotas de bienestar alcanzan los niveles más altos (Noruega, Suecia, Francia, Finlandia…) el porcentaje se sitúa por encima del 20%. Otra cuestión es la distribución de dichos recursos humanos entre las diferentes administraciones. Lamentablemente, no quedan ahí los parecidos: son también los países en los que los índices de evasión fiscal y economía sumergida son mayores y en los que los beneficios empresariales y de la banca son más altos. Finalmente, en ellos se ofrece la mayor polarización de las rentas.

No pretendo aburrirles con datos, análisis y comparaciones de mayor calado, que podrían hacerse. Para ello les remito a los lúcidos artículos que escribe Vincenç Navarro en su blog. Tan sólo he pretendido poner de manifiesto que estas sociedades del pensamiento único –diría yo más del pensamiento cero- nos regalan argumentos falaces y nos venden hechos que no son tales. Ha llegado la hora de que la izquierda, lejos de asumir un lenguaje y una política que no le son propios, materialice una propuesta alternativa a la crisis que tenga como vectores tres puntos principales:

1.- La estimulación de la demanda mediante el incremento de la capacidad adquisitiva de las clases populares y la inversión pública en infraestructuras.

2.- La reforma del sistema impositivo construyendo un modelo verdaderamente progresivo, con una actuación decidida contra el empleo de las fórmulas legales o paralegales que facilitan la evasión fiscal, incrementando de ese modo los ingresos del Estado.

3.- Intervención pública para garantizar el acceso al crédito mediante la creación de una banca pública.

Naturalmente, la puesta en práctica de este paquete obligaría previamente a desatar el auténtico nudo gordiano de la crisis: el control de los mercados financieros. Dicho queda. Otra cosa es que los millones de Rodríguez que hay en este santo país se caigan del guindo y tengan la convicción y la fuerza necesaria para llevarlo a cabo. Y mientras tanto, el gobierno aún no sabe que hacer con los que más ganan.

Enternecedor.

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