El Rincón de Joseca

Otro mundo es posible

Contra el pensionazo

Posted by Joseca en 23/02/2010

Treinta años llevan advirtiendo “sesudos” expertos, “finos” analistas y políticos “responsables” de la presumible quiebra del modelo de Seguridad Social. Treinta años en el que periódicamente se predice la insostenibilidad del Estado del Bienestar.

Las razones o fundamentos que acompañan a estas estimaciones –abyectas por interesadas muchas ellas, fuertemente ideologizadas todas pese a su aparente pulcritud técnica– han sido denunciadas en más de una ocasión. Lo trascendente, empero, es que el transcurso del tiempo muestra y demuestra que, ante todo, son consideraciones erradas. Ni el sistema quebró en los ochenta, ni lo hizo en los noventa ni lo hará en las próximas décadas. Y no sucederá porque, como acertadamente señala Juan Francisco Martín Seco,

la Seguridad Social es parte integrante del Estado, su quiebra sólo es concebible dentro de la quiebra del Estado, y el Estado no puede quebrar; todo lo más, acercarse a la suspensión de pagos, pero tan sólo si antes se hubiese hundido toda la economía nacional, en cuyo caso no serían únicamente los pensionistas los que tendrían dificultades, sino todos los ciudadanos: poseedores de deuda pública, funcionarios, empresarios, asalariados, inversores y, por supuesto, los tenedores de fondos privados de pensiones. Los apologistas de estos últimos, que son los que al mismo tiempo más hablan de la quiebra de la Seguridad Social, olvidan que son los fondos privados los que tienen más riesgo de volatilizarse, como ha demostrado la actual crisis bursátil”.

Cuando los gurús del Neoliberalismo económico afirman que el aumento de la esperanza de vida y de los beneficiarios del sistema público de pensiones (más ancianos y durante más tiempo) conllevará un aumento del gasto público que el Estado no podrá asumir, obvian cuando no ocultan la posibilidad de que el aquél se financie no sólo a través de las cotizaciones sociales sino directamente mediante los impuestos, esos que curiosamente también se pretende reducir; ello sin perjuicio de que, como demuestra el catedrático Vinceç Navarro, parten de apriorismos fácilmente rebatibles, pues el crecimiento previsto del PIB durante los próximos 50 años en España supondrá a su vez un incremento de recursos que permitirán financiar ese mayor gasto.

Las propuestas retrasando de forma obligatoria la edad de jubilación y calculando la pensión basándose en un periodo laboral más largo que el que hoy se utiliza parten igualmente, y en esto el profesor es meridianamente claro, del error en el cálculo y en la interpretación del aumento en la esperanza de vida. Como indica Navarro, las diferencias en longevidad por clase social son enormes.

Así, la diferencia en los años de vida existente entre una persona  perteneciente a la decila de renta más baja del país (los más pobres) y la decila superior (los más ricos) en España es nada menos que de diez años (ha leído bien, diez años). Estas diferencias en longevidad se deben a que el nivel de salud de la población depende, sobre todo, de la clase social a la cual se pertenece. Un trabajador no cualificado (en paro frecuente durante más de cinco años) tiene, a los sesenta años, el nivel de salud que un banquero tiene a los setenta años. Este último sobrevivirá al primero diez años. Es profundamente injusto pedirle al primero que continúe trabajando dos (y algunos piden cinco) años más para pagar las pensiones del segundo que le sobrevivirá diez años. La insensibilidad hacia esta realidad mostrada por estos informes es abrumadora. Retrasar la edad de jubilación a toda la población trabajadora sin más, es una medida que perjudica a las clases populares para beneficiar a las clases de  mayores rentas que viven más años“.

Y es que

la causa mayor por la que varios países hayan retrasado la edad de jubilación a los 67 años no ha sido tanto el intento de retrasar tal edad legal, sino la de retrasar la edad real de jubilación, edad que en España es ya, 62,5 años, la más alta existente en la UE. Lo que debe hacerse es precisamente acercar la real a la legal, imposibilitando la práctica generalizada del mundo empresarial de utilizar las prejubilaciones como mecanismo de reducir las plantillas, hecho que afecta negativamente el tamaño de las pensiones de las personas prejubiladas. Este debiera ser el centro del debate sobre las pensiones; la utilización por el mundo empresarial (incluido en un lugar destacado la banca, la mayor promotora de que se recorten las pensiones en España) de la temprana jubilación como manera de aumentar sus beneficios”.

En todo caso, sirva recordar que según los últimos datos ofrecidos por Eurostat España es uno de los países de la Unión Europea con menor gasto social o, si prefiere, que menos fondos destina a su Estado de Bienestar (pensiones, sanidad, educación, servicios de ayuda a las familias –como escuelas de infancia y servicios domiciliarios–, servicios sociales, vivienda social, prevención de la exclusión social y otros). Si a esta circunstancia añadimos la de poseer una presión fiscal ciertamente inferior a la media europea, puede colegirse fácilmente que las reformas que pueden implementarse sobre el sistema de Seguridad Social y en concreto en el marco del Paco de Toledo no es tanto el aumento obligatorio de la edad de jubilación, como ahora parece proponer ese partido que se autodenomina socialista, sino desandar el camino andado en materia fiscal y potenciar la capacidad recaudatoria del Estado, destinando esos mayores recursos al fortalecimiento de un Estado de Bienestar que, lo quieran o no, forma parte del patrimonio de todos nosotros y cuyas prestaciones, lejos de ser un premio, son un derecho al que no podemos, no queremos, no debemos renunciar.

P.S.: os recomiendo que leáis los artículos que enlazo en esta pequeña reflexión, ya que son tremendamente esclarecedores y sin duda más profundos y razonados que el que acabáis de leer. También os aconsejo que estéis atentos a un libro de inminente aparición editado por ATTAC que lleva por título¿ESTÁN EN PELIGRO LAS PENSIONES PÚBLICAS?. Las preguntas que todos nos hacemos las respuestas que siempre nos ocultan” y que han escrito tres de los económistas más brillantes que hay en España, Vinceç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón.


11 comentarios to “Contra el pensionazo”

  1. Pepe said

    Hola Joseca, con tu permiso (me lo tomo por adelantado) me llevo esta entrada a mi blog.

    Un abrazo

  2. Joseca said

    Todo tuyo Pepe. Oye, sigues únicamente con el blog de siempre, no? Porque el de PR falleció finalmente, no?

  3. Antonio del Corral said

    Excelente, José Carlos, coincido plenamente con lo expuesto y los enlaces del blog.
    Apostillar en esa línea que el ministro de Trabajo anunció en rueda de prensa a finales de enero que la Seguridad Social cerró el ejercicio presupuestario de 2009 con un superávit de 8.000 millones de euros, lo que superaba las previsiones iniciales del ejercicio, que lo situaban entre 3.000 y 4.000 millones de euros (el 0,3% y el 0,4% del PIB, respectivamente. Con ello el fondo de reserva de la Seguridad Social está por encima de los 60.000 millones de euros.

  4. Joseca said

    Como se ve, Antonio, el sistema está en quiebra. Los números cantan :p

    Creo que sería muy instructivo que los medios publicasen y se hicieran eco no sólo de esos informes catastrófistas sino también de quienes promueven, financian y elaboran los mismos: normalmente cajas y bancos que a modo de tiburones financieros buscan la carnaza en uno de los pocos sectores que aún les están parcialmente vedados: el aseguramiento de las pensiones. Esos e instituciones que beben de una ideología que tratan de enmascarar con una aparente asepsia técnica que en ningún caso es tal.

    Gracias por pasarte por aquí😉

  5. Joseca said

    Lo triste, añado, es que sea precisamente un Gobierno que se define como socialista el que promueva este tipo de debates. Es el eterno problema de la izquierda, y no sólo la española: desde hace veinte años navega sin rumbo en el campo teórico y asume como propias recetas y tesis que debería combatir sin descanso: la renovación siempre es buena, pero no a costa de renunciar a lo que deberían ser sus señas de identidad.

  6. juanjo said

    muy interesante (y discutible) todo lo expuesto y que he podido leer al menos someramente.Me extraña que haya personas tan de acuerdo en todos los puntos. Evidentemente me gustaría jubilarme a los 60(si todo es tan fantástico acortemos la edad legal).No es una medida muy social pero sí creo que ha gozado de un consenso mas amplio del que algunos se empeñan en demostrar. Hay un punto que me ha dejado “anodadado” y es el relacionado a la esperanza de vida versus clase social etc etc y mas concretamente el punto que a continuacion detallo:

    “Un trabajador no cualificado (en paro frecuente
    durante más de cinco años) tiene, a los sesenta años, el nivel de salud que
    un banquero tiene a los setenta años. Este último sobrevivirá al primero
    diez años. Es profundamente injusto pedirle al primero que continúe
    trabajando dos (y algunos piden cinco) años más para pagar las pensiones
    del segundo que le sobrevivirá diez años. La insensibilidad hacia esta
    realidad mostrada por estos informes es abrumadora”

    y digo yo, que ni soy de clase social alta, ni tengo renta alta y que trabajo muchas horas destrozando probablemente la productividad de este pais o nación o lo q sea: ¿quien le paga el desempleo al sr@ no cualificado (vaya ud a saber porque no está cualificado)? ¿de un infarto no creo que muera el sr no cualificado? ¿por que no ponemos ejemplos de funcionarios, los cuales según algunos estudios, suponen una gran remora para el pais (me refiero al gran numero de ellos derivado del gran numero de administraciones publicas…?

    sin animo de calentar el ambiente mas de lo necesario y simplemente con el objetivo de mostrar otros puntos de vista, recibe un saludo de un pobre bancario no desempleado(por ahora) ni prejubilado (aunque sea a cargo del banco q me paga) gracias a dios(y perdon por lo de dios), el cual no sabe si se morira (laboralmente hablando) a los sesenta o a los setenta.

  7. Joseca said

    Juanjo, precisamente la tesis que expongo es justo la contraria de la que defiende el establishment político, económico y periodístico de este país. Son pocos los que osan contradecir las grandes “verdades” que nos venden un día un día también por temor a que los acusen de antisistema, caducos o iluminados. Vivimos en un mundo en el que el pensamiento único se impone casi de manera imperceptible y no hay forma de mantener un debate serio sobre determinados dogmas.

    Por lo que se refiere a tu crítica sobre el excesivamente alto número de funcionarios, es un ejemplo palmario -uno más- de como se manipula la información y como se asume -en este caso por tu parte- determinados discursos que a poco que se analicen se muestran como mínimo carentes de objetividad: en contra de lo que habitualmente se dice, tenemos, respecto del resto de los países de la OCDE, uno de los porcentajes más bajos de empleados públicos respecto de la fuerza laboral del país: mientras que la media se sitúa en el 14,3 %, nosotros nos situamos en el 13%. Llama la atención en este sentido que países en los que las cotas de bienestar alcanzan los niveles más altos (Noruega, Suecia, Francia, Finlandia…) el porcentaje se sitúa por encima del 20%. Estos son datos y lo demás elucubraciones.

    ¿Y por qué, estarás preguntándote, existe entonces esa impresión de que sobran funcionarios? Creo que lo mejor será reproducirte un par de párrafos que encontré en la web de burbuja.info, porque explican muy bien el por qué se da esa sensación:

    “Los gobiernos presumen habitualmente de invertir mucho dinero en carreteras o investigación, pero es altamente improbable que a posteriori se haga desde los poderes públicos una evaluación sobre si ese gasto ha sido eficiente en términos económicos. Y por eso miles de empleados públicos están mano sobre mano esperando que alguien les dé trabajo o que su jefe asuma nuevas funciones. Ya se sabe que el santo y seña de la política es el castizo burro grande ande o no ande, y eso explica la obsesión por las cifras y por las tasas de crecimiento, aunque lleven a la ruina. Lo que ha llevado a la creación de unidades mastodónticas sin ninguna actividad real, y en las que prima la burocracia y la ineptitud administrativa. Por eso, y como es lógico, la ciudadanía se queja del número de empleados públicos. No hay un solo ministro que haya presumido alguna vez de haber hecho más con menos dinero, lo cual dice muy poco a favor de la mayoría de los gestores públicos.

    Sin embargo, esa situación contrasta con otra que supongo también habrás tenido ocasión de comprobar:

    Si se pregunta a la ciudadanía sobre el funcionamiento de los servicios públicos esenciales, la mayoría opinará que son manifiestamente mejorables. ¿Por qué? En buena medida por falta de plantillas. Y aquí está la paradoja. Los hospitales y centros de salud fallan por insuficiencia de especialistas, entre otros motivos. Por las mismas razones, los jueces no dan abasto a la hora de dictar sentencias en tiempo y forma (lo cual tiene consecuencias letales en términos económicos), y buena parte del fracaso escolar tiene que ver con la escasez de profesores de apoyo a estudiantes con dificultades. Es habitual, igualmente, oír las quejas de muchos ciudadanos que protestan por la inseguridad ciudadana. Y casi todo el mundo pone el grito en el cielo por la enorme bolsa de fraude fiscal o laboral que existe en este país, y que en buena medida se podría reducir aumentando la plantilla de inspectores. Es de sobra conocido que la administración paga cada año miles de horas extraordinarias, precisamente por falta de plantillas, algo que es un auténtico dislate.

    En conclusión, el problema no es el número de empleados públicos sino donde prestan sus servicios, por lo que habría que estudiar donde sobran y donde faltan -que faltan en muchos ámbitos y de eso doy fe-. La demagogia que se hace por tanto con este tema es tanta como la que se hace con las pensiones. El hecho de tener menos funcionarios públicos -o más- no es sinónimo por tanto de mayor eficacia -o menos- (y a los porcentajes al principio expuestos y a realidad de nuestro país en comparación con los enunciados me remito).

    Por otra parte, y desde un punto de vista meramente económico, la estabilidad en el empleo que tiene el funcionario genera una gran demanda en la economía, ya que pueden invertir o consumir con menor riesgo (sabes, porque lo sabes, que a pocos funcionarios se les niega una hipoteca).

    Respecto de los estudios en los que te amparas, digo lo mismo que con los que vaticinan la quiebra del sistema de seguridad social: analicemos quienes promueven, financian o realizan esos estudios y podrá llegarse fácilmente a la conclusión de que obedecen en la mayor parte de las ocasiones a intereses muy determinados. Y es que no deja de ser curioso que cuando los que han quebrado y fallado son precisamente y de forma clamorosa determinadas instituciones del ámbito privado, las responsabilidades se intenten hacer recaer en el sector público, al que únicamente se le puede achacar en esta crisis -que no es poco- la falta de control sobre aquél.

    Y Juanjo, cuando se habla de bancos, de cajas, de banqueros, no se hace referencia a los curritos sino a los grandes mandamases que marcan sus líneas estratégicas. Creo que ya te lo expuse en otra ocasión. No van por ahí los tiros. Otra cosa es que participes del sistema y de la filosofía que lo impulsa.

    Saludotes.

  8. juanjo said

    José Carlos, mi comentario no iba dirigido a criticar el funcionariado sino mas bien a poner en duda algunos comentarios sobre la extensión de la vida laboral y quien debía “pagar” los excesos cometidos en los últimos tiempos. Siento que hayas malinterpretado y magnificado mis palabras cuando sabes el elevado número de funcionarios que tenemos en la familia y la dedicación y buen desempeño que de sus tareas realizan.

    Cuando en tu comentario se hacían alusiones entrecomilladas acerca del trabajador no cualificado y su supuestamente duro trabajo (con periodos de desempleo eso sí) respecto al banquero no creo que se refierieran al presidente de tal o cual banco o caja sino a los trabajadores que de una u otra forma realizan trabajos en oficinas (incluido funcionarios) y a su supuesto menor desgaste siquico o fisico.

    Mi opinión es que cada uno se labra o elige en mayor o menor medida su futuro dentro de unas circunstancias personales y de entorno que tambien condicionan, pero no determinan el devenir individual de las carreras profesionales de cada cual.
    Me acuerdo del amigo que estando en la guardia civil se quejaba del sueldo de los policias locales como si fuera una injusticia, que no dudo que lo fuera, sin recordar la elección realizada tiempo atrás.
    En definitiva, y volviendo al pensionazo, me gustaría jubilarme a los 60 (me daría verguenza decir otra fecha mas temprana). Creo que cotizo bastante, no he cobrado desempleo nunca, y trabajo como un c…¿porque debería jubilarme mas tarde que un trabajador no cualificado si mi decisión fue cualificarme?

    Volviendo a la admmón pública no tengo datos de si en españa hay mas o menos funcionarios que otros paises de nuestro entorno pero hacer de esta consideración un efecto positivo sobre la economía me parece una demagogia. Habría que considerar otros términos como la productividad, en la cual seguro que estamos a la cola de los paises de nuestro entorno. Sí estoy de acuerdo en la redistribucón de los RRHH en determinados ámbitos de la Admón y a tomar medidas en cuanto se aprecien actitudes desviadas (normalmente no denunciadas) por determinados individuos pagados por el erario público. Muchas veces se habla, con todos mis respetos, del real cuerpo de celadores y/o auxiliares en los hospitales, a los cuales debido a menor cualificación y salario se les permite actitudes… en fin que te voy a contar que tú no sepas o vivas en tú día a día.
    La verdad es que no sé porque no estudié unas oposiciones cuando en realidad es el sueño de muchos miles de españoles.

  9. Joseca said

    No te preocupes Juanjo, ya lo sé. Lo que ocurre es que nadie se acuerda de los funcionarios en las épocas de las vacas gordas (donde perdermos poder adquisitivo) y lo hacen de manera frecuente y no siempe justa cuando atravesamos momentos de crisis. Evidentemente el trabajo de oficina (sea el del funcionario o cualquier otro) desgasta menos que aquellos en los que se exige un esfuerzo físico. Creo que estaremos de acuerdo en que eso a largo plazo de paga y es eso lo que entiendo pretendría señalarse en ese párrafo.

    En todo caso el problema es que la decisión de “cualificarse” o no puede tomarse por igual en unos casos o en otros. Por eso ese argumento no es válido. No todos tienen las mismas oportunidades de elegir.

    En el tercer párrafo estoy de acuerdo, es lo que pretendría señalar en el anterior comentario. El problema no es que haya muchos o pocos, sino como están distribuidos. Por otra parte, en el colectivo de los funcionarios, como en cualquier otro, los hay honrados y los hay ladrones. Pero te aseguro que la mayor parte de los chanchullos vienen y provienen de los cargos políticos. Lo que ocurre es que muchas veces se confunde al funcionario con el nombrado “digitalmente”, el cargo de confianza, que es cargo político… de esos sí sobran a patadas, suponen un gasto exarcebado y no entiendo porque sobre esos no se dice nada y sí sobre los funcionarios.

    En fin, que es un tema largo para hablar. Un abrazote.

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  11. […] de pensiones, me remito a lo que expuse en la entrada que publiqué el pasado 23 de febrero: “Contra el pensionazo”. Curiosamente, y como ya expuse en un comentario a esta entrada, son también éstos los Estados […]

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