El Rincón de Joseca

Otro mundo es posible

Acuerdos de libre comercio, tratados de libre expolio

Posted by Joseca en 01/10/2009

Acuerdos de asociación económica con África, el Caribe y el Pacífico, acuerdos de asociación con Latinoamérica y la Comunidad Andina… acuerdos de libre comercio (ALC).

Cuanta importancia tiene el lenguaje. En muchas ocasiones, la naturaleza de las cosas parece mutar en función de la denominación que se escoja para ellas.

Cuando la Unión Europa introduce en la nomenclatura de estos instrumentos términos como acuerdo, libertad o asociación no lo hace de una forma inocente: sabe que su utilización genera por principio y casi de forma inconsciente una predisposición favorable a los mismos. Si esta tendencia es aderezada, como ocurre en el caso presente, con una información tendenciosa, muy parcial e incluso huidiza, el resultado no puede ser más previsible: una opinión ciudadana escasamente formada y por tanto exenta de crítica sobre el empleo de unas políticas comerciales pensadas por y para favorecer fundamentalmente los intereses de las firmas transnacionales de capital europeo. Unos intereses, hay que denunciarlo, que impiden el desarrollo de las economías locales y regionales de los países con los que se conciertan estas alianzas.

Pocos conocen que la base ideológica de los ALC está sustentada en una Comunicación de la Comisión al Consejo, al Parlamento Europeo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones, de 4 de octubre de 2006, llamada “Una Europa global: competir en el mundo”. Les aconsejo que empleen cuatro o cinco minutos en leer esta línea estratégica, pues muestra claramente cuales son las raíces de las que beben este tipo de instrumentos bilaterales: según se aclara en la citada comunicación, “la competitividad europea se basa en la apertura de los mercados en otras partes del mundo”, lo que, a juicio de la Comisión, exige hacer hincapié en la eliminación de las barreras legales que puedan existir en terceros países al libre intercambio -sean arancelarias o no-, el acceso sin restricciones a recursos como la energía, las materias primas, los metales y la participación creciente en sectores como los derechos de propiedad intelectual, servicios, inversiones o contratación pública.

A estos fines sirven precisamente los ALC. Como expresamente se reconoce en la propia Comunicación, “tienen la ventaja de poder cubrir ámbitos no abarcados ni por una normativa internacional ni por la OMC”. Esta circunstancia conlleva que aunque pueden ser medios adecuados para favorecer “objetivos de vecindad y desarrollo”, su finalidad principal es “atender a los intereses comerciales de la UE”. De ahí que su negociación se base en criterios exclusivamente económicistas y deba concluir con acuerdos lo “más completos, ambiciosos y amplios, de modo que incluyan una amplia gama de ámbitos que abarquen los servicios y las inversiones, así como los derechos de propiedad intelectual”.

Si existe una cuestión que ha de ser aclarada es precisamente la de la presunta libertad de la que gozan los terceros países para concertar este tipo de alianzas. No hay libertad sin igualdad y es notorio que no puede defenderse la existencia de una competición pretendidamente equitativa cuando tiene lugar entre economías muy desiguales. Y es que como denuncia Cheikh Tidiane, coordinador del Programa comercial de la organización ENDA de Senegal y asesor para África occidental en las negociaciones de los acuerdos comerciales, “no se puede aceptar un acuerdo de libre comercio entre la UE, que es la potencia comercial más poderosa del mundo, con África Occidental, la región más pobre del mundo“.

Conociendo cuales son los intereses que impulsan este tipo de tratados y las presiones a las que son sometidos los Estados objeto de los mismos -se ha llegado a presionar con la supresión de la Ayuda Oficial al Desarrollo-, no es complicado adivinar cuales son los resultados de esta política comercial: perpetuación de la pobreza, latrocinio de los recursos naturales e incremento de la dependencia de estos países respecto de Europa. Y con otra consecuencia grave: “la disminución del papel de los Estados, reduciendo los ingresos que hasta ahora obtenían de los aranceles a las importaciones de los productos de la UE, y por tanto reduciendo las capacidades de gasto público”. Y es que, como acertadamente se expone en Canal Solidario, imponiendo este tipo de acuerdos “la UE está denegando a los gobiernos y pueblos los mismos medios que permitieron a Europa empezar a prosperar, es decir: la protección de los sectores vulnerables y las industrias nacientes, los impuestos gubernamentales para ejecutar políticas públicas, y el apoyo al desarrollo socio-económico”.

Son numerosos los casos que dan buen reflejo de las negativos resultados que tiene la política comercial europea en los países emergentes o en vías de desarrollo. Baste señalar, por ejemplo, que

el déficit comercial de Sudáfrica con la UE crece alrededor de 2.000 millones de euros (unos 3.112 millones de dólares) por año, y que las exportaciones agrícolas europeas a Sudáfrica y a la Unión Aduanera de África Austral (SACU) aumentaron 50 por ciento desde 2003 a la fecha. Lo notable es que lo más perjudicial para el comercio de los países africanos es la importación de alimentos procesados, como mermeladas o frutas y verduras enlatadas, cuando esos países son productores de los mismos. Pero a la inversa, la UE se protege con aranceles a las importaciones y pone cuotas sobre «productos sensibles» para proteger a sus productores, a pesar de que en productos como la carne vacuna los países africanos son positivamente competitivos”.

Como siempre, habrá quien estando de acuerdo con estos planteamientos se encoja de hombros en la cómoda complacencia del que piensa que estas situaciones obedecen a una suerte de fenómeno natural. Y ante eso es necesaria una lucha aún más intensa, porque para modificar de forma estable cualquier estructura es ineludible hacerlo previamente con los posicionamientos teóricos que las sostienen, y uno de los más complicados de alterar es precisamente la certeza de que no existe alternativa seria al modelo vigente. De modo que si de justicia es censurar la actual política comercial de la Unión Europa, obligado es al mismo tiempo plantear alternativas concretas a la misma.

Ese modelo comercial alternativo es el que ha de explicarse y difundirse desde las redes sociales implicadas a la ciudadanía europea, para que no asuma como único, y lo que es peor, como propio, el que desde las Instituciones se le vende. Y es aquí donde sí debe hacerse una labor de autocrítica, porque si es cierto que dichos planteamientos existen, no lo es menos que carecen de un corpus estructurado y coherente que pueda ofrecerse como una verdadera propuesta programática. Será en el momento en que dicha propuesta se asuma no sólo como justa sino sobretodo como posible por la ciudadanía europea, cuando los gobernantes se verán obligados a tenerla en cuenta. Y es que en esta materia como en tantas otras, el cambio sólo puede comenzar si de verdad se cree en el mismo. ¿Quieres cambio? Cree en el cambio. Sé el cambio.

En todo caso, sirva a este propósito los reclamos que efectuaron numerosas organizaciones con motivo de la Semana Internacional para detener los Tratados de Libre Comercio de la UE y los países de África, Pacífico y Caribe de hace justo un año, algunos de los más interesantes son, a mi juicio, los siguientes:

  • Políticas comerciales que reconozcan el derecho a la protección de los mercados y la ayuda pública, así como políticas que promuevan intercambios locales y regionales en vez de exportaciones.
  • Una Reforma Agraria y Soberanía Alimentaria: políticas que reconozcan el derecho de los pueblos a elegir sus alimentos y a cómo producirlos, que estimulen los mercados locales y que apoyen la agricultura ecológica de pequeña escala.
  • Regulación comercial que asegure precios justos para los productores y los consumidores en el Sur y en el Norte.
  • La abolición de la Deuda Externa y la anulación de los pagos de toda deuda ilegítima.
  • Poner fin a la imposición de todas las políticas económicas de las Instituciones Financieras Internacionales como el Banco Mundial y el FMI (por ej. la privatización, la liberalización y la desregulación).
  • Libertad de movimiento para todas las personas. Hacer efectivos los derechos de los migrantes y otras personas víctimas que son desplazadas, consecuencia de las políticas de la UE y las crisis alimentaria y climática.

Con estas y otras medidas Europa se convertiría en un referente moral en todo el mundo y lo que es mejor, controlaría el poder de las multinacionales sobre los Estados y ayudaría a consolidar el desarrollo real de los países emergentes, mejorando la calidad de vida de sus habitantes. Dicho lo cual, me gustaría concluir con un párrafo extraído del citado llamamiento y que resume de forma muy lúcida lo que significan actualmente los ALC:

Solo buscan profundizar y perpetuar el actual sistema de dominación que ha provocado la actual crisis económica, alimentaria, energética y climática que todas y todos estamos sufriendo (…).

Los ALC suponen una amenaza no sólo para los presupuestos públicos, los ingresos de los pequeños/as productores/as e industrias locales, para la soberanía alimentaria, los servicios públicos y la integración regional alternativa, sino que también ponen en peligro el derecho y la capacidad de los países para realizar unas políticas económicas acordes con las necesidades de su población y afrontar así la crisis global”.

2 comentarios to “Acuerdos de libre comercio, tratados de libre expolio”

  1. …y así, a mantener el status perpetuo de países paupérrimos.

    No es de extrañar que las políticas de Occidente se cimenten en la existencia de zonas de economía deprimida que, a modo de pulgones, son convenientemente ordeñadas sin que su necesitada ciudadanía reciba compensación alguna.
    No es de extrañar la protección que se presta a reyezuelos, dictatorzuelos y militaruchos, receptores de magros donativos a cambio de sustraer de sus naciones-fincas lo necesario para seguir marcando diferencias.

    …y aun dicen preocuparse, estos piratas con dársena nominal en la ONU, por el incesante flujo de seres humanos que abandonan sus lugares de origen en pos de la panacea occidental.

    Un saludo.

  2. Joseca said

    No es de extrañar, no.

    Como no lo es que esos “piratas con dársena nominal en la ONU”, como lúcidamente los llamas, esfuerzen sus eurísticas meninges únicamente para perpetuar situaciones cuasicoloniales que mantienen a millones de seres humanos en una indigencia física sólo comparable a la indigencia moral de aquéllos.

    Un saludo, y como siempre un gustazo leerte por aquí.

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