El Rincón de Joseca

Otro mundo es posible

Colaboración externa: “Incoherencias”

Posted by Joseca en 04/06/2009

A continuación reproduzco una colaboración externa firmada por Juan Caro, Presidente de una sociedad cooperativa llamada Iqbal Masih, una alternativa a la explotación infantil, el desastre ecológico, la discriminación de la mujer y la degradación alimentaria.

Como las anteriormente publicadas, un enlace a la colaboración estará alojada a partir de ahora y de modo permanente en la sección “Tribuna abierta”.

Os dejo con esta lúcida reflexión que tiene como origen una experiencia personal que refleja muy bien la inteligencia y la bondad de un malagueño que a nadie deja indiferente y del que hay mucho que aprender.

Un abrazo muy fuerte Juan y dales un beso a Isabel y los niños. Nos vemos.

INCOHERENCIAS

Que cada cual hable de su vergüenza. Yo hablo de la mía”.

Bertolt Brecht

De entrada, Franco era un asesino. Fusilaba a sus legionarios sin siquiera un amago de juicio. Qué no haría con los rifeños. Esto no aparece en ningún libro de texto. Algunos generales lo sabían, pero no le daban importancia. Matar pobres suele producir cierta emoción, pensarían. En uno de sus primeros discursos después de consumar su golpe de estado decía que sus intenciones eran “acabar con la frivolidad de los últimos siglos y luchar contra el espíritu de la enciclopedia”. En esa frivolidad incluiría a aquel presidente de la I República, que dimitió por no firmar una pena de muerte. En cuanto a lo segundo, si descartamos que su intención era ser precursor de Google, querría decir que pensaba erradicar las bases de cualquier pensamiento libre, es decir, implantar la barbarie (en las dos acepciones del María Moliner, Estado de incultura o atraso de un pueblo y Crueldad, brutalidad). Tuvo la mala suerte de que los mandatarios de Alemania y Rusia de la época tuvieran una base de población mayor, y le dejaran con una modesta medalla de bronce en el ranking de asesino de compatriotas de Europa: tenía dos modelos principales, aunque con importantes variantes: matar rápidamente tipo Lorca, o hacerlo más lentamente, modelo Miguel Hernández. En cuanto a la Iglesia, que lo acogía bajo palio, es de suponer que le otorgaría una bula para el quinto mandamiento.

En los años veinte la nobleza española en bloque estaba de acuerdo con la intervención en África, pero ningún noble se apuntó a la Legión. Una victoria importante de las clases dominantes consiste en presentarnos como obviedades contradicciones flagrantes. Claro que no es de extrañar en ese grupo de individuos que poco después protagonizó el hecho de mayor cobardía colectiva de la historia de España: ni un solo noble tuvo valor para acompañar a Alfonso XIII el día de su exilio, ni siquiera Jacobo Fitz James Stuart, que había sido ministro pocos meses antes. Este personaje de apellidos tan reciamente castellanos, era el XVII Duque de Alba (1). Si éste tuvo el deshonor de encabezar aquel acto tan cobarde, sus descendientes son los recipiendarios del mayor ejemplo de despilfarro de los Fondos Europeos: se apropian de más de un millón de euros anuales por el hecho tan meritorio de haber heredado muchos cortijos. Defender esta tropelía es lo que nuestros políticos llaman defender los intereses de España.

Los libros de texto hablan de la esclavitud refiriéndola a siglos pasados: pero nunca ha habido tantos esclavos y tan mal tratados y a edades tan tempranas como ahora (esclavizar: tener sometido a alguien y hacerle trabajar con excesivo rigor). Mª Moliner otra vez). Contarlos es una tarea difícil, dificultad que se acentúa porque la clase dominante ha suprimido el término. Sólo en Pakistán, país con su bomba atómica, se calcula que hay 20 millones de niños esclavos, aunque quizás sólo sean 12, según las fuentes consultadas.

Un sábado al medio día compraba en un almacén popular. Al llegar a mi turno pregunté a la cajera si sabía si aquellas prendas habían sido hechas respetando unos mínimos derechos laborales; ella, una mujer joven, me miraba sorprendida y parecía no entenderme; le expliqué, dirigiéndome también a los que esperaban turno, que las grandes sociedades anónimas habían devenido en monstruos sin alma cegados por la única ambición del beneficio inmediato, que muchos artículos se hacían en turnos de 12 horas siete días a la semana, por un salario que a veces no llegaba a los 40 céntimos la hora. Una cajera vecina de mayor edad, me dijo que me fuera o llamaba al encargado.

Un individuo de la cola con gafas de montura negra y una ropa que había soportado cientos de lavados me dijo “que era necesario que los subdesarrollos pasaran hambre para que nosotros vivamos mejor”, frase siniestramente similar a los carteles que los SS ponían a los adolescentes que ahorcaban en Rusia (“es necesario que los rusos mueran para que nosotros vivamos”).

Hablé a dos señoras que aguardaban su vez sobre la importancia de la solidaridad entre los trabajadores del mundo entero… saltó entonces un individuo más grande que yo y con cara de tener la capacidad de recitar la alineación del Betis de carrerilla, situándose a menos de un metro me dijo en un tono innecesariamente alto que no le tocara los bajos de su anatomía: sentí una mano en el hombro y oí un “acompáñeme” de una voz autoritaria. Me volví y me topé con otro más grande, con un uniforme con su gorra y todo; iba a responderle que si era para apuntarme a Intermón no hacía falta. Pero entonces creí sentir el aliento del bético en el cogote y se me alteraron las constantes somáticas de la manera que Sigfrido relata a la ex valquiria cuando descubre el miedo. Miré en derredor y viendo sólo rostros hoscos me di cuenta de la gravedad de mi pecado: había osado interrumpir la sagrada ceremonia del consumo.

El trauma provocado por la muerte de Dios según Nietzsche (“Dios ha muerto, y el hedor de su cadáver se expande por el universo”) había sido superado por el carrito del supermercado. Agaché la cabeza, puse 50 euros sobe la cinta transportadora y noté el alivio de la cajera mientras me daba la vuelta (”otro loco”, pensaría). Cuando me iba, un anciano muy pulcro y bien trajeado, que pasaba su compra por la caja vecina, dijo: “Franco sí que entendía bien a esta chusma”…

Pensé replicarle con las palabras del comienzo de este escrito, pero ya no tenía valor: comprobé que al fin y al cabo algo tenía en común con Jacobo Fitz James, y no era precisamente el número de cortijos. Y lo que es peor, me di cuenta que tampoco seria capaz de repetirlo. Muchos trabajadores son como aquellos nobles “legionarios de salón”: bonita es la solidaridad, pero que la practique otro. Y no harán preguntas sobre sus compañeros de más allá del mar por comodidad o cobardía o alegando falsamente ignorancia. Un día la publicidad explotará el filón de esa emoción que puede sentirse al matar un pobre (por el mismo precio).

Cuando vuelva al supermercado sabré que lo que compre podría estar hecho por un Ranjith Mudiyanselage de Sri Lanka, que después de quejarse por el mal funcionamiento de una máquina que había cortado el dedo a un compañero, lo secuestraron cuando se disponía a testimoniar durante la investigación del caso. Su cadáver apareció golpeado y quemado sobre una pila de neumáticos usados. Su asesor legal, que le acompañaba, perdió la vida de la misma forma (modalidad Lorca). O por Carmelita Alonzo de Filipinas que, agotada y enferma, suplicó un día de descanso y le informaron que si no se presentaba al trabajo sería despedida, lujo imposible para ella, y siguió trabajando hasta que murió de neumonía un 8 de marzo, el Día internacional de la Mujer (modalidad Hernández). Lo sabré y no diré nada.

Que cada cual hable de su vergüenza si quiere. Yo bastante tengo con la mía.

(1) García Gómez, miembro de la Real Academia de la Historia nos describe así la impresión que causaba en los visitantes extranjeros. “Enseguida se percataban de que tenía ante sí a un personaje excepcional: su prócer esbeltez, la cabeza de águila, la tez curtida los cabellos cobrizos que, con los años, había frotado la plata. Tal aspecto lo acrecentaba la inimitable elegancia en el vestir, el trato afable y los modales en los que la cortesía no era incompatible con la actitud majestuosa, quizás incorporada genéticamente y que impregnaba su presencia y sus movimientos”.

Juan Caro

3 comentarios to “Colaboración externa: “Incoherencias””

  1. superlopez said

    Mira tú por dónde, me encuentro por aquí con gente de punto informativo (después, rojo)…

    Probablemente no os acordéis de mi, pues han pasado algunos años ya, pero yo aprendí mucho en aquel lugar.

    Un saludo y suerte!!

  2. Joseca said

    Yo por supuesto que me acuerdo, bienvenido Superlopez. Joder, cuanto tiempo, hay que fastidiarse. Cuantos hilos compartidos XDDD

    Un saludote muy fuerte, compañero.

  3. […] más leído El gran teatro de Haití La próxima semana, rebélate contra la pobrezaTribuna abiertaColaboración externa: "Incoherencias"El Rincón de Joseca solicita vuestra […]

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