El Rincón de Joseca

Otro mundo es posible

Tuve hambre y no me diste de comer

Posted by Joseca en 18/11/2009

Ni financiación, ni compromisos estatales ni propuestas concretas.

La cumbre organizada por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) constituye un rotundo fracaso que retrata a los mandatarios internacionales y que condena al ostracismo, una vez más, a los más de mil millones de hambrientos que día a día agonizan en el mundo.

El ahogo sistemático de la esperanza que representa este tipo de encuentros convierte a éstos en perversos hitos que fijan la falta de voluntad política para reducir o eliminar ese asesinato en masa que es el hambre. Si una consecuencia puede extraerse de cumbres como la que acaba de concluir en Roma es la práctica ausencia de Instituciones con capacidad real para impulsar programas que cubran las necesidades primarias de la mayor parte de la humanidad. La ausencia de los principales Presidentes y Jefes de Estado no es sino la consecuencia lógica de la nula importancia que conceden en sus agendas a este terrible drama.

3 billones de dólares han sido puestos a disposición del sistema bancario para sostenerlo frente a la crisis financiera. 44.000 millones solicita la FAO para destinarlos al desarrollo agrícola, frente a los 7.900 actuales. Por desgracia, y como señala Santiago Alba Rico, no se reconocerá la dimensión de la crisis humanitaria que nos rodea hasta que matar de hambre a 950 millones de personas, mantener en la pobreza a 4700 millones, condenar al desempleo o la precariedad al 80% del planeta, dejar sin agua al 45% de la población mundial y al 50% sin servicios sanitarios, derretir los polos, denegar auxilio a los niños y acabar con los árboles (…)” deje de ser rentable para las “1.000 empresas multinacionales y 2.500.000 de millonarios”.

Como en alguna otra ocasión indiqué, no existe escasez de producción, obstáculos técnicos o costes económicos que impidan crear un nuevo orden alimentario planetario. Ese silencio asesinato en masa que es el hambre es la derivada lógica de un mercado, el de los alimentos, controlado por un pequeño grupo de multinacionales y bancos que domina todo el proceso de producción y distribución.

Por desgracia, la inactividad de los gobiernos no es sino la constatación pública del nulo grado de preocupación de los privilegiados ciudadanos de los países desarrollados. El cambio debe comenzar por nosotros. Somos nosotros los que debemos asumir el problema como propio, analizar sus causas y proponer las posibles soluciones. Somos nosotros los que hemos de denunciar la situación, exigir cambios y plantear alternativas. No, definitivamente no es una cuestión de voluntad política: es un problema de conciencia ciudadana.

Esta noche les propongo un pequeño ejercicio y si es posible, hagan partícipes del mismo a cuantos les rodean: cuando se acuesten en la cama, piensen en África: sus sabanas, sus riquezas minerales, su fauna salvaje… e inmediatamente, hagan aparecer ante ustedes a una de esas madres o de esos padres que han visto morir literalmente de hambre a su hijo. Póngales cara, denles un nombre y visualícenlos recogiendo entre sus brazos en cuerpo inerte de su niño. Mírenles a sus ojos y traten de explicarles como es posible que no hayan podido ofrecer a ese pequeño ni un mísero trozo de pan que le hubiera permitido malvivir 24 horas más. Cambien a continuación la cara del padre o la madre por la suya y la del niño por la de su hijo o sobrino. Y ahora, y por último, traten de multiplicar la sensación que están teniendo por 17.000, que son los críos que TODOS LOS DÍAS mueren de hambre en el mundo.

Es duro, pero más duro debe ser despertarse al día siguiente y darse cuenta que aquello fue real.

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2 comentarios to “Tuve hambre y no me diste de comer”

  1. [...] adaptado del post Tuve hambre y no me diste de comer, publicado por [...]

  2. Efectivamente Joseca. Esos mandatarios internacionales se les llena la boca hablando de los “Objetivos del Milenio” es para morirse de risa o de llanto.
    Los niños y niñas, las mujeres que vi en Etiopía recorriendo kilómetros para que las Salesianas le dieran de comer, se te cae el alma y es que no das crédito. Ellos tenían suerte, estaban en el programa, pero muchos, muchos mueren en total silencio. Mueren de hambre, de olvido y de injusticia. Quizás es la injusticia lo que hace más terrible esas muertes.
    Hay recursos, lo que no hay es voluntad. Son gestiones que no reportan dinero en ningún bolsillo, no se invierte en desarrollo para los más pobres, no se invierte en educación.
    Pero sí que hay Pepsis por todo el ancho y vasto territorio etíope. Vivimos el mundo al revés.,llenos de sinvergüenzas, codicia y una globalización mal entendida donde el reparto desigual de riqueza es tan escandaloso como indiferente.

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